El ‘Fulgor’ de las pinturas Alpino
El leonés Eduardo Arroyo rescata 40 años de dibujos a lápiz en una exposición y el también leonés Ramón Isidoro lleva seis instalaciones al Museo de Bellas Artes de Asturias.
Eduardo Arroyo lleva cuarenta años dándole al lápiz. El artista de origen lacianiego ha rescatado para la galería madrileña de Álvaro Alcázar su obra sobre papel, en la que incluye trabajos inéditos. Hay retratos de Fantomas, de la coleccionista Peggy Guggenheim, del controvertido actor y director Orson Welles y hasta de Dalí, junto a los rostros de míticos ‘pesos pesados’ del boxeo —una de las pasiones del autor de ‘Las Moscas’ de Santa Marina-.
Arroyo cierra un año redondo. El 2013 ha sido para el polifacético creador tiempo de recapitular. De igual forma que ahora rescata sus dibujos coloreados con pinturas Alpino, en verano mostró una retrospectiva de su obra escultórica en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, donde desplegó su particular mitología lacianiega; unicornios, minotauros y otras criaturas fantásticas, que «en un 70% están hechas en Robles y tienen conexión mitológica con el valle», confesó entonces Arroyo.
Días antes había inaugurado una exposición en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca y dos semanas después participaba en una colectiva sobre Arte y Filosofía en la Fondation Maeght. El artista de las mil facetas, protagonizó además una muestra de fotografía en Arles y publicó un nuevo libro, Máscaras y disfraces. El lacianiego, que se ha convertido en un referente imprescindible para comprender la creación contemporánea española, sigue siendo un artista incomprendido en su tierra, a la única que le ha permitido exponer su obra en un espacio público.
El artista de la luz
Otro artista leonés multidisciplinar, Ramón Isidoro (Valencia de Don Juan, 1964), llena de Fulgor —título de la exposición— el Museo de Bellas Artes de Asturias. Isidoro, afincado en Luanco desde hace años, abre el programa que marca una nueva singladura en el museo ovetense con seis instalaciones de tres elementos cada una. En Fulgor, creada expresamente para este centro, el autor hace alarde de su polifacético discurso artístico.
En la exposición del Museo de Bellas Artes, que estará abierta hasta febrero, Isidoro ‘mezcla’ en seis piezas de gran formato la pintura, la instalación y una atmósfera peculiar. Se trata de piezas muy teatrales que juegan con los cromatismos de una serie de cajas de luz, en una nueva reinterpretación de los claroscuros.
Isidoro es uno de esos artistas que se atreven a adentrarse en nuevos territorios artísticos.