La Casona de Puerta Castillo revela el jueves sus secretos tras años de obras
El edificio se enseñará vacío y a mediados de enero reabrirá como Centro de Interpretación del León Romano.
La Casona de Puerta Castillo tiene algo de túnel del tiempo. Tres pisos, tres historias y tres épocas. El jueves, tras años de obras y excavaciones, abre por fin sus puertas al público durante seis días —26, 27 y 28 de diciembre, y 2, 3 y 4 de enero, de 11.00 a 14.30 horas—. La entrada es gratuita. El público, en realidad, sólo verá el edificio terminado y unos paneles con la reforma que ha sufrido este caserón lleno de leyendas. Pero el interior está vacío.
Hasta mediados de enero no estarán colocadas las piezas del Centro de Interpretación del León Romano, que ocupará únicamente la planta baja. El primer piso está reservado para exponer las joyas del Archivo Municipal —documentos de los siglos XII al XVII—. Finalmente, la segunda planta será el lugar que recuerde que León es cuna del parlamentarismo, título otorgado este año por la Unesco. Desde este último piso se accede al adarve de la muralla que el Ayuntamiento tiene previsto también abrir al público y que, gracias a un ascensor, permitirá subir a la fortificación a personas con dificultades de movilidad.
La Casona de Puerta Castillo se alza sobre un solar que ha resultado una auténtica mina arqueológica. Ahora encierra el paramento interno original de la muralla tardorromana y restos de la muralla altoimperial.
La sensación que se percibe al traspasar el gran portalón en el que un día jugó el escritor Clarín, que también fue domicilio del escultor por el que se identifica ahora el inmueble, Víctor de los Ríos, y donde se han conservado algunas pinturas del CCAN, es la de un lugar donde la historia se ha ido superponiendo piedra sobre piedra. Bajo el subsuelo y en las paredes están los vestigios de los primeros habitantes de esta ciudad que hoy es León: los soldados de las legiones VI Victrix y VII Gémina.
El discurso expositivo del nuevo Centro de Interpretación Romano comienza con el ejército romano. En el centro de la sala donde se explica cómo vivían y cómo iban equipados los legionarios habrá reproducciones de armamento, corazas, escudos, espadas, lanzadas...
Un barracón a escala
Otra de las estancias estará dedicada a las guerras cántabras, la paz armada y la organización del territorio. Una sala abordará el León Romano, que fundamentalmente se centra en la historia de las investigaciones que han permitido sacar a la luz y reconstruir en muchos puntos de la ciudad el campamento militar. Esta sala hará especial mención a los ‘precursores’, los historiadores Gómez Moreno y García Bellido.
En el recorrido se relata la historia de la Legio VI y su campamento en León, así como la fundación de la Legio VII. Una de las estancias reproduce exactamente —también en medidas— cómo era el interior de los contubernia o barracones, con las cuatro literas para ocho soldados, los colchones rellenos de paja y el ajuar de los legionarios.
Pero, sin duda, la estancia más espectacular, es una gran suelo acristalado que permite ‘pisar’ sobre los auténticos vestigios romanos que han aparecido en este inmueble, los cimientos de los barracones de las dos legiones y una conducción de agua. En la pared de esta sala se proyectará un vídeo sobre los importantes restos romanos que conserva León —los Principia, el anfiteatro, las termas, la muralla, la Porta Principalis Sinistra...—. El Centro de Interpretación del León Romano albergará cinco maquetas que reconstruyen los sistemas defensivos de la Legio VI y la VII, así como el campamento de ésta última. No habrá piezas originales, pero sí réplicas de un relieve decorativo y de cuatro de las mejores lápidas romanas que se conservan en León. Se trata de la lápida de Villalís —donde consta que la Legio VII se fundó el IIII idus iunias del año 68, es decir, el día cuarto de los idus de junio, que equivale al 10 junio en el calendario moderno— y una estela votiva dedicada a Serapis, Esculapio, Isis y Salud, cuyas originales están depositadas en San Isidoro. Asimismo hay reproducciones exactas de dos lápidas del Museo de León, una dedicada a un encargado del arsenal llamado Lucrecio Próculo y la que un destacamento de caballería ofrenda al emperador Caracalla.