Diario de León

Los leoneses del Nadal

Siete escritores nacidos en la provincia o vinculados con esta tierra recibieron en su día el prestigioso premio que se falla hoy, y otros más fueron ilustres finalistas.

Andrés Trapiello ganó el Premio Nadal del año 2003.

Andrés Trapiello ganó el Premio Nadal del año 2003.

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ernesto escapa | redacción
León

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Siete leoneses han recibido el Premio Nadal en sus setenta ediciones. Incluso, si ampliamos el vínculo, podríamos incorporar a las dos primeras ganadoras: Carmen Laforet (1944), casada con Cerezales, heredero del castillo de Balboa, que después ambientó en el Bierzo su novela La mujer nueva (1955); y Elena Quiroga (1950), casada con el académico villafranquino Dalmiro de la Válgoma, con quien descansa en el cementerio de la villa del Burbia.

Pero no hay que fijar la vista sólo en los triunfadores. Al menos en diez ocasiones ha habido finalista leonés. Desde 1951, con Historias de Valcanillo , de Tomás Salvador, la novela de Grajal, a 2009, con El libro del amor esquivo , del astorgano Rubén Abella. Precisamente Abella fue el último finalista. Aquel año ganó Maruja Torres con una monserga y para evitar el sonrojo de las comparaciones, el editor decidió suprimir el premio de consolación, que habitualmente se llevaban las mejores novelas.

En los últimos años, el Nadal se ha convertido en un concurso más del bazar literario, pero no siempre fue así. Creado en 1944, como homenaje póstumo al joven falangista Eugenio Nadal, fallecido aquella primavera, hizo una pausa en 1989, después del triunfo de Juan Pedro Aparicio. Nadal era redactor jefe de Destino , la revista de los catalanes de Franco, y autor de un único libro sin mucho vuelo. Ciudades de España es su título y pasa por León con más tópicos que atisbos. El primer leonés (nacido en México) que ganó el Nadal fue José Suárez Carreño, que ya cursó el bachillerato en León, donde su madre (de Villamañán) había invertido los ahorros indianos en comprar el café cantante Iris, un prestigioso local de la calle Ancha.

Grajal, Cerulleda...

Suárez Carreño militaba en la clandestinidad y fue detenido en el acto de entrega del Nadal a su novela Las últimas horas . Seis años antes había obtenido el primer Adonais de poesía y al año siguiente el Lope de Vega de teatro. Sólo publicó ya otra novela más.

Los cincuenta trajeron el premio a La frontera de Dios (1956), la novela astorgana de José Luis Martín Descalzo, y destacaron a dos finalistas: en 1951, la novela de Tomás Salvador sobre Grajal, que tiene como protagonista a Jacintón, un paseado de la guerra; y en 1952, La ciudad sin horizontes , de Severiano Fernández Nicolás, el único caso de la historia del Nadal en que una novela finalista quedó inédita. En las últimas votaciones de este año, que premió a la maestra asturiana Dolores Medio, quedó relegada Los bravos (la novela de Cerulleda), de Jesús Fernández Santos, uno de los títulos esenciales del neorrealismo. Más inadvertida pasó La casa gris , de la roblana Josefina Rodríguez (luego Aldecoa), que verá la luz medio siglo más tarde. En 1953, Jesús Fernández Santos insiste sin éxito con su segunda novela, En la hoguera , que recibirá tres años después del Premio Gabriel Miró.

Los sesenta empezaron de la peor manera: premiando un churro de Juan Antonio Payno, sobrino de la señora de Dámaso Alonso, que relegó una obra espléndida de Pablo Antoñana. Entre las finalistas estuvo Los árboles de oro , primera novela de Ramón Carnicer. En 1968, el galardón a Cunqueiro relegó Un sitio para Soledad , el estreno novelístico de Antonio Pereira, y enfadó sobre todo a Umbral, que había concurrido con El giocondo . Los setenta se estrenan con la novela sobre el protestantismo rural leonés de Jiménez de Jamuz y Toral: Libro de las memorias de las cosas , de Jesús Fernández Santos. Prosiguen con Groovy (1972), la novela hippy de José María Carrascal, el periodista entonces neoyorquino de Folledo, el pueblo más recóndito de Gordón, y culminan con Lectura insólita de ‘El capital’ (1976), del cacabelense Raúl Guerra Garrido.

Raúl había rondado el premio dos años antes con Así suenan los Bleoming Slabing , que luego tituló con una mónada de Cela, Pluma de pavo real, tambor de piel de perro , y obtuvo el Premio Eulalio Ferrer. En 1977, Juan Pedro Aparicio estuvo en el ajo con De ducum natura , que vería la luz tres años después como Lo que es del Cesar . En esta segunda mitad de los setenta tientan sin fortuna el Nadal primeras novelas de Luis Mateo Díez y José María Merino. En los ochenta triunfa Aparicio con Retratos de ambigú (1988) y en 2003, Andrés Trapiello, con Los amigos del crimen perfecto .

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