Diario de León

Mirándose en el espejo de los clásicos

Tras su paso por Londres y Florencia, Cristina Fernández expone en su tierra.

Cristina Fernández muestra sus obras en la galería Alemi, ubicada en la plaza de San Marcelo.

Cristina Fernández muestra sus obras en la galería Alemi, ubicada en la plaza de San Marcelo.

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Marcelino Cuevas | LEÓN
León

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Luces y sombras ha sido el acertado título elegido por la pintora Cristina Fernández para presentarse en su tierra, en León. Lo ha hecho en la nueva galería de arte Alemi, ubicada en el mismo centro de la ciudad, en la plaza de San Marcelo.

Decíamos que es acertado el título porque en la obra de Cristina Fernández hay momentos brillantes y otros en los que se sumerge en la opacidad de las sombras. Pero vayamos al principio, a la pequeña historia de esta joven artista que se incorpora a la larga nómina de pintores leoneses. Cristina es pintora de vocación tardía. Quizá han sido las grises tardes londinenses las que le obligaron a buscar nuevos caminos, a investigar en el brillante mundo de los colores.

La pintora comenzó a estudiar pintura en Londres con varios maestros, pero sobre todo lo que hizo fue ver mucha pintura, visitar una y otra vez los grandes museos de la capital británica para encontrar sus referencias. Las encontró en la excelencia del barroco y en el exotismo romántico de los prerrafaelistas victorianos ingleses, dos épocas en las que la pintura se distinguió por las grandes virtudes técnicas de los artistas.

Pero las brumas londinenses no eran el mejor escenario para Cristina, que llenó sus maletas de botes de pintura, pinceles y paletas y se fue a buscar el luminoso cielo de Florencia, y la posibilidad de conocer de primera mano la pintura de los grandes artistas italianos. Y después de tanto estudio decidió que su preferido es Caravaggio, el inventor del tenebrismo y el mejor exponente del claroscuro, de las luces y las sombras que tanto gustan a la artista leonesa.

Cristina Fernández realizó el Florencia sus primeras exposiciones y allí vendió sus primeros lienzos, pero quería volver a casa, y lo ha hecho. En la exposición que puede ver en la galería Alemi se muestra como una buena aprendiz de artista. Presenta una interesante colección de dibujos a lápiz y carboncillo, la mayoría de ellos copias del natural, interpretaciones de esculturas clásicas y algún retrato en los que muestra su personalidad y su buen pulso.

En las pinturas, de impecable técnica, ofrece una parte dedicada a copiar a los grandes maestros, Murillo, Caravaggio, Sorolla… y otra a la interpretación de sus propias creaciones. En este último caso ha elegido naturalezas muertas, que realiza con una paleta de colores muy contenido, buscando sobre todo la armonía, pero dejando patente que el claroscuro es lo suyo. También hay algún retrato interesante. Produce cierta tristeza que una pintora tan dotada no acabe de soltarse, de expresarse de una forma más personal, de acercar su realismo al presente, al siglo XXI.

Bien está dominar la técnica como los grandes maestros clásicos, pero una vez logrado el virtuosismo hay que abrir nuevas sendas, hay que crearse un estilo propio, hay que demostrar que lo mucho que ha estudiado le ha servido para ser una gran artista. Sin duda alguna lo conseguirá.

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