Diario de León

«Un tuit del frutero vale como la crítica de un periódico»

Amoraga, ganadora del Nadal, afirma que «aprender a perder es aprender a vivir».

La escritora valenciana Carmen Amoraga.

La escritora valenciana Carmen Amoraga.

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miguel lorenci | madrid
León

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«Como todas mis novelas, con esta trato de fotografiar mi tiempo». Lo dice Carmen Amoraga (Picanya, Valencia, 1969), ganadora con La vida era eso del 70 premio Nadal, que consiguió por primer vez otra Carmen, Laforet, en 1944. Es una novela de amor, dolor, pérdida, superación y esperanza en la que juegan un papel primordial las redes sociales. Es la séptima de esta periodista, escritora y concejala por el PSOE en su pueblo valenciano y llega a las librerías el 4 de febrero. Espera Amoraga el juicio de los lectores, que aprecia más que el de los críticos. «La crítica del frutero de la esquina en un tuit vale hoy tanto como la de un suplemento cultural o un diario», sostiene

—Qué ofrece al lector su novela?

—Cuenta el primer año del duelo de una mujer joven, argentina, que está sola con sus dos hijas pequeñas, en un pueblito de Valencia y a la que su marido, pocos días antes de morir, le pide que escriba por él su perfil de Facebook, que fije sus sentimientos e impresiones

Giuliana, que así se llama, no entiende el misterio de Facebook, no le agrada, pero lo hace. Cuando muere su marido ella continúa contando qué pasa y parece que lo hace el propio marido, William

—¿Qué papel juegan en la historia las redes sociales?

—En Facebook encuentra un enorme consuelo y calor humano que no halla en el mundo real. En ese mundo virtual encuentra las herramientas para superar las fases del duelo, transitar por él y superar la pérdida. La red se convierte en protectora y le demuestra que aprender a perder es aprender a vivir.

—Las redes sociales ¿son un nuevo género literario?

—No, pero han cambiado la manera de comunicarnos con los demás y con nosotros mismos. Como en su día nos cambió el teléfono. Hoy nos explicamos y comunicamos por escrito. En la vida virtual podemos ser incluso más activos, apasionados y explícitos que en la real. El peligro es que esa realidad virtual acabe sustituyendo a la realidad.

—Hay mucha gente de vuelta que reniega de Twitter.

—Lo comprendo. No es la panacea. Acaso creímos que era una herramienta muy democrática y vemos que no lo es tanto. Llegó a parecerme que era como el Washington Post y ahora se parece mas a Sálvame.

—Las redes pueden hoy tumbar o consagrar un libro. ¿Qué le parece?

—Hasta hace poco tenías apenas la respuesta de los lectores que iban a las firmas y de los críticos profesionales. Pero hoy, con la potencia de las redes sociales, pesa tanto la critica de un suplemento cultural o de un diario como la de cualquier tuitero, que puede ser el frutero de la esquina. Lo mismo. Con todos los respetos a los críticos profesionales, creo que el lector de a pie, el que lee por placer, es un lector más puro que el que lo hace por obligación. Me puede hacer más pupa la crítica de un lector en las redes que la de un diario.

—Finalista del Nadal en 2007, lo gana en 2014. ¿El que la sigue la consigue?

—Sí. Era un sueño compartido con la amiga que inspiró esta historia, Viviana. Es joven, argentina y está aquí sola con sus hijas Chelsea y Keila. Se volcó en Facebook asumiendo la personalidad de su esposo fallecido, como la protagonista. Entendí que no lo hizo por morbo, que era necesario para seguir viviendo. Que debía aprovechar lo que le brindaba la vida.

—Casi siempre sus protagonistas son femeninas.

—No es una elección consciente.

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