Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Crítica | alfonso garcía

Se dice que «Gijón le debe el mar a Dios y el resto a Jovellanos». Esta afirmación pone de relieve la importancia de una personalidad que, extrapolada al ámbito nacional, viene a significar un modelo paradigmático de hombre ilustrado. Él es precisamente el protagonista y narrador de la nueva y magnífica novela de Juan Pedro Aparicio, en la que relata los últimos días de Jovellanos, que hace un balance de su vida durante el viaje en el «Volante» –«un quechemarín vizcaíno»- desde Gijón a Vega, en el intento de viajar después a Inglaterra huyendo de los franceses: «… eran muchos los españoles que preferían la muerte al yugo de los franceses». Y ya al inicio del viaje, que en principio habría de durar unas horas pero se prolongó durante ocho días por una tormenta terrible, expresa su dolor: «Atrás se iba quedando esa tierra mía, ese rincón ciudadano, mi casa, el hueco que recogía el aliento de los míos, expuesto ahora a la violación de los franceses».

La travesía constituye el eje de la novela. «Había que encogerse y guarecerse en las entrañas del buque, atestado de gente, con dificultades incluso para permanecer echados, cuando tampoco podíamos tenernos en pie, obstaculizando con nuestra presencia el paso de una marinería exhausta, humedecida hasta los tuétanos, en su itinerario de ida o vuelta a la cubierta para realizar su tremenda tarea, entre lloros de niños y gritos de mujeres y hombres». Pero no se trata solo de una crónica externa, extraordinaria por cierto, del viaje, sino, sobre todo, del viaje interior de Jovellanos que reflexiona, en estas circunstancias, y pone en tela de juicio con frecuencia, sobre aquello en lo que más creyó habiendo dejado a un lado el mundo de los afectos y del amor. En este caso, es muy atractiva la figura de Ramona –«una joven aristócrata leonesa»-, que le acompaña en el pensamiento durante la complicada travesía y con la que deseaba emprender el viaje a Inglaterra. Pero al amor se unen también las acusaciones recibidas, los miedos, el escepticismo, las posturas ideológicas, las creencias y obsesiones…, en un acercamiento novelado lleno de atractivos y aciertos.

El sueño del nuevo viaje quedó truncado con su muerte, ocurrida el veintinueve de noviembre de mil ochocientos once. «Ahora, flotaba con las estrellas al fondo, en la noche negra, y sabía que ya no estaba con ellos, que ya había muerto o que me hallaba en el trance de morir. Una fragata inglesa, de nombre The Quest, me esperaba en Ribadeo para llevarme a Inglaterra, con Ramona a bordo. ¡Ah, sí, ése era mi barco! -¡Pobre de mí! –exclamé».

Convertido el propio Jovellanos en narrador, como queda dicho, esta circunstancia aporta cercanía y fuerza a la novela. Se erige con firmeza el perfil de su personalidad, a través de las reflexiones y vivencias. A esta evocación del asturiano se une una interesante galería de personajes que se mueven por estas páginas, con el tono de una tensión narrativa que permite mantener vivo permanentemente el interés. Añádase la pulcritud del entramado y su inteligente administración. Y su precisión lingüística, con la riqueza de la terminología marina. Y los elementos metaliterarios, enriquecedores. Y, sobre todo, la capacidad de integrar la turbulencia del viaje a la acción novelesca principal, el acercamiento a una figura fundamental de nuestra historia.

La novela tiene dos bloques: Libro primero (Gijón, 1911) y Libro segundo (Londres, 2012). Del primero, el corpus principal, queda dicho lo escrito hasta ahora. Sorprende gratamente el segundo por su originalidad metaliteraria, que hasta puede constituir una pieza en sí misma, al modernizar desde la perspectiva del presente la dimensión de una figura del pasado.

Una obra, en fin, que testifica con fortaleza la finura novelística de un ejemplar y original contador de historias como es Juan Pedro Aparicio.

tracking