Ana Otero actriz
«Desde el escenario veo cómo el público llora y se coge de la mano»
Rostro conocido en la pequeña y la gran pantalla, Ana Otero dice tener al Auditorio leonés «como fetiche» por sus sólidas raíces familiares en la comarca más occidental de la provincia y en la capital («soy de los ‘Oteros’ del Bierzo, no de los de Galicia», avisa), y por eso está encantada de llegar a su tierra con un celebrado montaje que ha permanecido dos temporadas en el Centro Dramático Nacional y con el que ahora viaja en muy amplia gira por todo el país.
—¿Qué reto particular se plantea cada vez que sale a escena en una obra tan trabajada como es esta?
—Pienso mucho, y no sólo a propósito de su reciente y desgraciada muerte, en lo que decía Philip Seymour Hoffman, uno de los mejores actores contemporáneos: «Yo no repito toma, hago otra toma». Es cierto. Hay un prejuicio sobre la presunta repetición que caracteriza al teatro cuando cada función es rotundamente diferente porque el público, el actor, el momento... son diferentes.
—La historia está ambientada en los años de la ‘movida’. ¿Pero ‘llega’ a todo tipo de público?
—No, no depende de la edad. En realidad, tras el trabajo de adaptación, que ha sido difícil y en la que Almudena Grandes ha estado muy generosa, esa ambientación ha quedado en un plano muy sutil. En el CDN yo he visto llorar con esta obra a un chico de veintipocos y a un grupo de mujeres cogerse todas de la mano. Está por encima de edades y tiempos, apela a la inteligencia emocional aunque se trate de comedia y entiende al espectador como un individuo inteligente que no se queda en el tópico o en la superficie. Éste se ríe, sí, pero también queda un poco en shock ante la verdad que rezuman los personajes. Y es que nuestro objetivo es que no vea personajes sino personas. Hablamos del paro, de la política, del amor... de cosas que competen a todo el mundo.
—¿Os lleváis tan bien en la vida real como mostráis sobre el escenario?
—Nos llevamos bien, pero en realidad eso es independiente de nuestro trabajo, de la misma forma que no tienes que matar a nadie para encarnar a un asesino. No hace falta que esas experiencias se extrapolen a la vida. De hecho, he visto casos de grandes enemistades que sobre las tablas tienen que mostrar un amor infinito. Y lo hacen.
—¿Cómo está sobreviviendo la profesión?
—Pues mira, el 40% de ella vive por debajo del umbral de la pobreza. Esto son datos reales, y es terrorífico comprobar cómo el oficio ha cambiado tanto en apenas cuatro años. Aunque por otro lado se ha diversificado mucho, a costa de triplicar los esfuerzos, claro, y hay una cierta recuperación en las producciones para televisión y cine. Y sí, se han bajado los cachés pero ahora hay mas teatro que hace décadas: microteatro, salas alternativas... Tenemos que intentar reubicarnos y que éste sea un proceso más de aprendizaje que de dolor.