Entrevista
«Es importante dejar en la Tierra espacios para recordar el horror»
La existencia humana y las relaciones sociales son los dos grandes temas sobre los que gravita toda la obra de Alicia Framis, una de las artistas españolas con mayor proyección internacional. El día 15 desembarca en el Musac ‘Framis in Progress’, una retrospectiva que recorre media carrera de una mujer que sueña con «hacer un arte útil para los visitantes al espacio» y que concibe el arte también como un desahogo.

La artista catalana Alicia Framis, que el 15 de marzo desembarca en el Musac con una retrospectiva de su carrera.
—¿Qué se va a encontrar el espectador que vaya a ver al Musac ‘Framis in Progress’?
—Se va a encontrar con obras de arte que le van a invitar participar, en unos casos a través de la reflexión, y en otros a través de la acción. Por ejemplo, se podrá probar trajes, pero al mismo tiempo podrá ver varios vídeos de performances en contra de la violencia contra la mujer, o dibujos y maquetas con propuestas de cómo vivir juntos, un buzón para echar cartas al cielo... esto y mucho más.
—La emoción es un tema que trabaja en sus obras, ¿cómo se consigue emocionar a un público que sufre tantos ‘bombardeos’ cada día?
—Yo creo que la gente ya esta enajenada con tanta información, es por esto que el arte que invita a la experiencia, a la participación, al aquí y ahora, quizás permite una posibilidad de intercambiar información entre todos nosotros que sea genuina.
—¿Sigue defendiendo que Guantánamo sea un museo?
—Sí claro, creo que es importante dejar en la Tierra espacios para recordar el horror, al igual que dejamos espacios para recordar a nuestros seres queridos. No hay que erradicar la muerte, la decadencia, la imperfección de la sociedad, si no nos volvemos inhumanos.
—¿Entiende el arte como denuncia?
—Sí, pero no como propaganda. El arte como todo tiene una posición social y crítica, pero el arte de propaganda es el que ha perdido la poesía que toda pieza de arte encierra.
—También ha abordado temas como la violencia doméstica, el horario laboral o la venta de niños, ¿no ha pensado en ‘militar’ en política?
—No, yo soy una artista social, no política. Soy más existencialista, no me interesa el poder.
—El arte vive un gran momento, porque los ricos tienen más dinero para comprar obras mientras la clase media es cada vez más pobre...
—Desgraciadamente es así, la clase media va desapareciendo y las fortunas van acumulándose cada vez en menos gente cada vez más rica, lo que no quiere decir que sea gente con cultura.
—¿Sus ‘performances’ apelan a las conciencias?
—Sí, pero mis trabajos tienen muchos niveles de lectura, no solo tienen mensaje social sino también poético, una vocación de traspasar fronteras, etcétera.
—¿Es cierto que ha colaborado con la Agencia Europea del Espacio?
—Sí, colaboro aún en un grupo de investigación con científicos, astronautas, arquitectos, artistas, e ingenieros sobre cómo llevar el arte y la cultura al espacio.
—¿Se ve exponiendo en la Luna o en Marte?
—Me veo haciendo un arte útil para los visitantes al espacio.
— En el Musac ya se expuso ‘Remix building Bloodsuhibank’, en la que el espectador donaba sangre y a cambio se le daba un plato de shusi. Fue en el 2005, ¿cómo ha cambiado su obra desde entonces?
—Creo que sigo una línea muy coherente, sigo trabajando con la arquitectura como herramienta para congregar a las personas y dar la posibilidad a nuevas relaciones sociales, y a la vez, la performance s como experiencia vital en el arte de hoy en día.
—En sus ‘Habitaciones prohibidas’ la gente entra y grita, ¿concibe el arte como un desahogo?
—Sí claro, el arte es muchas cosas, una de ellas es expresar, desahogarse, romper fronteras, romper esquemas, eso también es el arte.
—En una sociedad cada vez más controlada por el poder político y económico, ¿el arte es el último espacio de libertad?
—Efectivamente, una vez le pregunté a Dan Graham que por qué no era arquitecto, ya que siempre ha sido un artista que trabaja con la arquitectura, y me contestó esto precisamente: en el arte aún somos libres.