Endemoniadas se apoderan del palacio
Marina Núñez muestra una doble instalación en el Conde Luna.

La artista palentina Marina Núñez, en el palacio del Conde Luna.
La pintora palentina Marina Núñez —insiste en catalogarse a sí misma como pintora a pesar de sus poderosas incursiones en el mundo digital— ha sido capaz de crear un lenguaje propio que nos muestra aspectos plásticos que no conocemos, y que en un inteligente ejercicio virtual, casi de ciencia-ficción, sugieren nuevos caminos para el arte.
Sus personajes viven eternamente en la hoguera de las vanidades, o en las llamas purificadoras de un ignorado purgatorio digital. Así podemos verles en las dos instalaciones que presenta en el Palacio del Conde Luna bajo el título de Endemoniadas , y dentro del Festival Miradas de Mujer que viene celebrándose en el Musac, la galería de Ármaga, el Auditorio y el propio Conde Luna.
La propuesta de Marina Núñez en Endemoniadas conjuga el diálogo y la representación más contemporánea de una artista de reconocido prestigio con la muralla, reflejo del pasado histórico y patrimonial de un edificio que es Monumento Histórico Artístico desde 1931. La intervención consta de dos instalaciones de vídeo monocanal con sonido, realizadas por la artista en 2012. La particularidad más notable de esta intervención es que la artista ha encontrado en los oscuros recovecos del Palacio del Conde Luna, un lugar de inspiración donde sus figuras cibernéticas y angustiadas se mueven con gran dinamismo protagonizando el espacio sobre el peso de una arquitectura histórica. Una mezcla de agonía e histeria protagoniza la expresión de las figuras humanas femeninas que intentan escapar de un círculo cerrado y del fuego, tanto interior como exterior.
Hablando de su trayectoria artística de los últimos tiempos explica Marina Núñez que en sus obras muestra «la multiplicidad del ser humano de una forma metafórica, lo represento en el cuerpo, pero mi discurso versa sobre las señas de identidad, sobre algo más profundo. En estas caras, que al final se convierten en monstruosas, los órganos de los sentidos se ven multiplicados casi hasta el infinito. Reflejan diferentes expresiones en relación con el nuevo estado del ser, desde la furia, hasta el dolor, pasando por la alegría o por el miedo. Creo que son los estados de ánimo por los que todos pasamos. Al final estos personajes se convierten de hecho en monstruosa sensación. Pienso que se acercan los nuevos cambios que las tecnologías posibilitan, lo mismo a nivel físico, que a nivel de identidad. Podemos llegar a ser casi cyborgs, seres artificialmente viables, pero eso no comporta ningún cambio en la condición del ser humano, al final los represento como monstruos porque en el fondo tenemos una especie de reticencia para asumir este cambio que vivimos».
Las obras de Marina Núñez, a pesar de su patente monstruosidad, son de una extraordinaria belleza, y en contrapunto con los elementos cibernéticos que las adornan, ofrecen al espectador un importante componente poético.