Entrevista

«La opinión pública mundial se impondrá frente a la injusticia»

El escritor y músico Julio Ferreras.

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pacho rodríguez | madrid
León

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Educación y responsabilidad podrían ser los dos pilares en los que se sustenta el inquieto ideario de Julio Ferreras, catedrático jubilado, ex director del Conservatorio de León, pensador, intelectual, colaborador en ONGs, en donde es un decano con tanto o más entusiasmo que los jóvenes. Nació en Quintana de Rueda, y podría decirse que como un salmón de río de montaña remontó el Esla pero antes desembocó en mares sorprendentes: De Barcelona a Madrid, de Toulouse a Valencia. Y de regreso a León, residente en la Sobarriba, en donde es feliz a medio camino entre la ciudad y el campo, porque disfruta de las dos opciones.

Cree en una revolución («que los poderosos no van a poder parar», anticipa) basada en la información y la educación, además como único camino. Y lo cuenta en un libro titulado: Hacia una nueva humanidad libre y responsable (editorial Verbum), que subtitula como Una visión del mundo de la educación en el tercer milenio. Adora a Bach, pero también ama a Los Beatles.

—Usted colabora con oenegés, ¿cómo se encuentra en ese ambiente?

—Como soy joven de espíritu, ¡encajo a la perfección con ellos! Bueno, me encuentro de maravilla. Me tratan muy bien y yo aprendo mucho de ellos. Yo solo soy un sencillo educador e intento aportar todo lo que puedo. Lo de que los jóvenes de ahora no merecen la pena es una trampa. Solo les pasa que están igual de desorientados que los mayores. Están preparadísimos.

—¿Y la revolución pendiente…?

—Ya lo está siendo y es la revolución de la ciudadanía, cada vez más informada, preparada y capaz de comunicar. Y responsable. Llegará una revolución pacífica, basada en la educación, el respeto y la responsabilidad. Como ya las hubo. El poder querrá que no sea así, sino violenta, para poder aplastarla. Por eso tiene que ser pacífica.

—Pues mientras llega, el ensanchamiento entre ricos y pobres cada vez es más violento…

—Es un distanciamiento económico, pero no intelectual. Lo cuento en el libro. Lo importante es que los pueblos están despertando ante esas injusticias.

—Los derechos son barridos del mapa con total descaro…

—Eso yo creo que son los restos del patriarcado, de los sistemas totalitarios. La opinión pública mundial está naciendo, como forma de enfrentarse a todo eso. Con el tiempo se impondrá y será poderosa y podrá cambiar cosas y acabar con injusticias. Creo en una democracia responsable y libre, que desarrolle la mente y la ciencia.

—¿Cómo convencer a la gente que lo está pasando mal de este mensaje esperanzador?

—La sociedad aprende de manera lenta pero imparable. Somos muchos, pero también lo somos los que creemos en estos cambios, que llegarán lentamente. Cualquiera que piense en la sociedad española de hace cuarenta años te dirá que es mejor la de ahora.

—¿Usted es de derechas o de izquierdas?

—No me puedo mover en función de esa definición. Si soy de algo es de liberar al hombre de la miseria. Nunca he pertenecido a ningún partido político.

—En su libro reivindica la educación como base de todo. ¿Cómo está la educación ahora mismo? ¿Es escéptico?

La educación es un deber para vivir. Vivimos un mundo en el que hay que despertar del engaño, de lo que es apariencia y nos venden como si fuera realidad. Y soy todo lo contrario a escéptico. Sea como sea, la educación es el único camino. Funcionará la acción reacción, porque después de un exceso de error como vivimos, tiene que conducirse al acierto.

—¿Qué tienen que aprender de estos tiempos los jóvenes y niños?

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—Tienen que saber que para triunfar hay que fracasar. Y no darle importancia a ese fracaso, sino al avance. Al trabajo y al esfuerzo. Y que avanzamos a través del conocimiento, de la ciencia y sus logros. Somos seres humanos y hermanos, queramos o no. Y nuestro camino es el de saber que la vida es un hecho único que solo tiene futuro sin enfrentamientos y sin crear enemigos.