Diario de León

LA HISTORIA LEONESA DEL SANTO GRIAL

El robo frustrado del cáliz

El abad Antonio Viñayo intuyó que por antigüedad y factura la copa de Doña Urraca podía ser el Santo Grial.

Juan Pedro Aparicio y José Manuel Rodríguez Montañés con la réplica del cáliz de Doña Urraca

Juan Pedro Aparicio y José Manuel Rodríguez Montañés con la réplica del cáliz de Doña Urraca

Verónica Viñas
León

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La noche del 9 noviembre de 1979 el cáliz de Doña Urraca estuvo a punto de ser robado. La presencia de los miembros de la Adoración Nocturna alarmó a los asaltantes, quienes, finalmente, desistieron. El Cabildo de San Isidoro quiso restar importancia al incidente y aseguró que sólo fue «un vulgar palanquetazo» en la puerta y que el cáliz estaba protegido por «una cuádruple alarma», de forma que aunque los ladrones hubieran penetrado en la cámara de los tesoros, la copa estaba vigilada por: «La alarma de la puerta de entrada, el radar general de la sala, la de la vitrina y la individual de la joya».

El que fuera abad de la colegiata Antonio Viñayo, en su libro La Colegiata de San Isidoro, escribió en 1971: «¿Por qué los artífices de Doña Urraca utilizaron para alma de este cáliz, la joya más rica que salió de sus talleres, un cuenco de piedra desportillado y ya con antiquísimas heridas y cicatrices imposibles de disimular? ¿Acaso, como el Santo Grial, con el que mantiene afinidades de antigüedad y factura en la materialidad pétrea de la copa, era una reliquia venerable que era forzoso conservar y enriquecer? Un hallazgo inesperado o una circunstancia favorable pudieran entregarnos la clave de esta enigmática joya. En todo caso bien merece que alguien la cante con la solemne entonación de Parsifal». La pregunta es obvia: ¿sabía Viñayo que el Santo Grial estaba en San Isidoro?

El cáliz de Doña Urraca inicialmente estaba acompañado de una patena de oro que fue robada en el año 1112, durante los enfrentamientos entre Alfonso I de Aragón y un sector nobiliario que logró la anulación de su matrimonio con doña Urraca, sobrina de la reina donante. La pieza fue sustituida por otra de plata dorada que reprodujo el mismo modelo.

El libro Los reyes del Grial, cuyos autores, Margarita Torres y José Miguel Ortega, pretenden que sea el definitivo, repasa también ‘los otros griales’, desde el cáliz de Valencia al de Antioquía. Los lugares donde se encuentran estas copas han sido durante años centros obligados de peregrinación para estudiosos, creyentes y seguidores de la tradición artúrica y templaria. La Ahnenerbe, sección ocultista de las SS nazis, desplegó toda su maquinaria tras el rastro del Cáliz de Cristo, ‘arma’ que haría invencible al Tercer Reich. Himmler llegó incluso a visitar el monasterio de Montserrat y preguntó por el cáliz.

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