Cómo conocí a vuestrazzzz
Opinión | mikel labastida
Reconozco que me quedé dormido en el capítulo 177 de Cómo conocí a vuestrazzzz (Bostece aquí). La serie se estaba volviendo tan narcótica y daba tantas vueltas sobre sí misma que no hizo falta que echase mano de uno de los somníferos de Barney. Cuando desperté Ted todavía estaba allí. Había envejecido algo, sí, mostraba algunas canas, sí, pero en esencia seguía siendo el mismo cansino contando la batallita más larga jamás narrada en televisión. «Y así, chicos, es cómo conocí a vuestra madre», estaba diciendo. Me estaba desperezando cuando me sorprendí porque Ted seguía hablando y contando, por fin, qué sucedió con la dichosa madre y cuál es el motivo por el que ese padre lleva nueve años taladrando a sus hijos la cabeza con la misma historia. Aquello era el final. Me había despertado en el momento que más esperaba un seguidor de Cómo conocí a vuestra madre de mi tipo, es decir, de esos que se quedó hace tiempo con la duda de lo que ocurriría pero que desesperó y dejó de verla ante el alargamiento innecesario de la serie. ¿El final? Bien, gracias.
El mismo que podrían haber contado hace tres años y hubiesen ahorrado mucha somnolencia. Cualquiera que abandonase la ficción hace un tiempo habría entendido prácticamente sin problemas lo que ocurrió en el desenlace. Esa es la mejor prueba de que se estiró innecesariamente. Un poquito de spoilers a partir de aquí, es decir, de revelar datos que quienes no hayan visto el final y quieran tal vez no deseen conocer.
No lean más entonces, no vaya a ser que se acuerden de mi madre. Y les tenga que contar cómo conocí a mi madre. En el final de los finales la madre más famosa (con permiso de la de Gorki) resulta que estaba muerta y que importaba bastante poco. Porque Ted en realidad estaba enamorado de Robin, lo que ya supimos en el capítulo uno. Más de doscientos episodios después nos cuentan lo mismo y no nos ofrecen muchos avances más. Pues vaya timo. Qué difícil es hacer una comedia de situación, que aguante bien cuando pasan los años. En momentos como éste es cuando más venero a Friends o a Cheers.