Diario de León
Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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Muy a la manera de Enrique Vila-Matas soy hoy hacedor o consumidor de ese Manual de futuro que él utiliza para anotar las citas que definen su vida. Cito por ejemplo a ese hombre que supo naufragar con éxito. Ése que nos acompañó durante más de cien años librándonos de la soledad, ése que nos hizo ver en uno de tantos otoños del patriarca, realidades como: «monseñor Demetrio Aldous había vislumbrado la perfidia dentro de la propia casa presidencial, había visto la codicia en la adulación y el servilismo matrero entre quienes medraban al amparo del poder». Citas que convierten a veces al hombre que testimonia dicha cita, en valedor de toda la filosofía y dogmas que empapan ya no sólo la cita, sino la vida y vicisitudes del autor citado. Por ello, cuando uno ahonda en personas como Elpidio José Silva, un hombre que ha llevado su vida por el camino de la incomodidad institucional, que ha sido deportista de élite, que ejerce como juez dentro y fuera de nuestras fronteras, que asume la docencia en las instancias más altas y que sabe que el valor máximo de la palabra está en la poesía (no en vano ha publicado varios libros de poesía, habiendo sido finalista del Premio Adonais), uno piensa que no todo está perdido. Que la formación plural y elevada de un hombre es la que le puede hacer más válido como ser humano y menos su faceta de héroe de papel cuché.

Cito de nuevo a Gabriel García Márquez a propósito del éxito, ese que ponen como enemigo de este juez, por ser una voz independiente y no ligada a un menester doctrinario. Dice Gabo: «No, el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas, que se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen? Bajar, o tratar de bajar discretamente, con la mayor dignidad posible.»

Pero sabe García Márquez, por experiencia propia, que lo intrascendente del éxito es llegar a él. Lo verdaderamente apetecible es el viaje que alguien con rigor y lucidez hace para caminar en esa dirección. Por eso, cansados ya de ver la rocambolesca escena en la que los acusados llevan a los jueces al banquillo y ante la posibilidad de limpiar su nombre y el de los jueces que no responden a otros intereses que no sean los de la justicia, la inteligencia y la desobediencia cívica se han postulado a favor de este hombre, que presumiblemente conseguirá ser eurodiputado con el partido RED y así poder legitimar su lucha en contra de la corrupción. Cierro este Manual del futuro prestado por el gran Vila-Matas con una última cita que si acaso deja la ventana abierta para la reflexión. Decía Aristóteles que «Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales». Ustedes sabrán hacia qué lado se tercia el término justo y si merece la pena apoyar direcciones diferentes a las que el poder fáctico impone.

Les deseo buen futuro.

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