Diario de León

Tras los huesos de Cervantes

Buscan con georradar el esqueleto de un anciano desdentado y con atrofia en un brazo.

Dos técnicos pasan el georradar por la iglesia.

Dos técnicos pasan el georradar por la iglesia.

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miguel lorenci | madrid
León

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Un georradar es un aparato de aspecto semejante al de una aspiradora doméstica, pero capaz de desentrañar qué se oculta bajo cualquier superficie. Una de estas máquinas escudriña desde ayer unos 200 metros cuadrados en la iglesia del convento de las Trinitarias Descalzas, en el corazón del viejo Madrid. Busca la osamenta de un varón añoso y espigado, que cumplió los setenta desdentado, con evidente atrofia en su mano izquierda y una herida de arcabuz en el pecho que acaso dejó restos de metralla y rastros de plomo. En un mes los responsables de la empresa Falcon Higt Tech pondrán los datos de su pesquisa a disposición del forense Francisco Etxeberría, una autoridad mundial. A partir de ahí podremos saber si estamos ante los restos de Miguel de Cervantes Saavedra, universal autor de El Quijote, padre de la novela moderna, enterrado en esta coqueta y recogida iglesia en abril de 1616. «Esta aquí. Si no aparece la culpa es mía y he sido un torpe. La iglesia es el único lugar donde pueden estar sus restos», asegura categórico Fernando Pardo, el historiador que lleva años tras los huesos del escritor y que logró, por fin, la financiación que necesitaba, tanto como los permisos de la monjas de clausura, del ayuntamiento y la Comunidad de Madrid y las Reales Academias de la Lengua y de la Historia. «En la iglesia hay documentados apenas 15 enterramientos».

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