ROGELIO BLANCO, PRESIDENTE DE LA ACE
«Este gobierno ha emprendido un ataque directo contra la cultura»
Rogelio Blanco tiene poso en el ‘negocio’ de la gestión clutural. Desde su responsabillidad como director general del Libro dignificó el sector, adquirió valiosos archivos que iluminan la reciente historia de España y devolvió el significado real a las bibliotecas, dotándolas de la excelencia que su nombre requiere

El nuevo presidente de la ACE, Rogelio Blanco
Acaba de ser nombrado por unanimidad presidente de la Asociación Colegial de Escritores, una institución que reúne a más de cuatro mil socios —escritores y traductores— y que tiene ante sí el reto de reponer ante la sociedad el valor sobresaliente de los creadores, su función como generadores de riqueza y su papel como brújulas de la intelectualidad.
—¿Cómo se siente ante esta nueva carga?
—Pues una enorme satisfacción ante el hecho de que la actual directiva confiara en mí. Y que conste que no entraba en mis expectativas. Yo quería reposo y tiempo para seguir escribiendo, pero cuando falleció Félix Grande me llamaron y me quedé como único candidato.
—¿Cuáles son sus prioridades?
—Hay que fortalecer la asociación, recuperar a creadores, revisar y reformular los canales de comunicación con la sociedad y aprovechar las posibilidades que nos ofrecen las redes sociales.
—Una parte importante de la ACE la componen los traductores.
—_Sí. No podemos olvidar que en España el 25% de todo lo que se edita es traducción. Los traductores realizan una labor silenciosa y encomiable que hay que reivindicar.
—¿Cómo aprovechará la experiencia de sus años al frente de la Dirección General del Libro?
—Yo estoy comprometido con el fomento de la lectura, con la dotación de las bibliotecas. Fui yo el que consiguió que se aprobara la Ley del Libro y Bibliotecas sin ningún voto en contra. Esa ley, que fue el recambio de una franquista, revirtió en la aprobación de numerosos Reales Decretos, en la creación de organismos como el Observatorio de la Lectura y el Libro y un largo etcétera. Posiblemente podríamos haber hecho mucho más, pero estuvimos comprometidos y trabajamos. Ahora, sin embargo, estamos en un erial. El ministerio de Cultura ni siquiera existe y lo que más me preocupa es el desaliento. Mire, yo llevo el desagradable honor de haber sido el último director general del Libro. Desde entonces, no se ha inaugurado ninguna biblioteca ni ningún archivo. El Plan de Fomento a la Lectura ha desaparecido y no nos damos cuenta de que detrás de un escritor hay una gran industria, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo. Echo de menos una política que desarrolle el peso económico que tiene la cultura en el PIB.
—Se ha diluido la figura del creador hasta casi desaparecer.
—Sí, eso es una realidad. Ahora parece un colectivo sin fortaleza. La piratería les ha hecho mucho daño, pero las leyes que se han aprobado no van encaminadas a protegerles a ellos sino más bien a la industria. Y, sin embargo, no se puede olvidar que lo único necesario en esa industria es el creador.
—¿De quién es la culpa?
—Pues, como siempre, está repartida, pero, lamentablemente he de decir que parece que este gobierno haya emprendido un ataque directo contra la cultura. Se pueden reducir las inversiones, pero lo que no tiene sentido es que caiga un cien por cien. Cuando uno piensa en la marca España no piensa en coches, sino que son Velázquez, Cervantes o Buñuel los que aparecen.
—¿De qué manera puede la ACE luchar para subsanar este problema?
—Pues hay que atender a la trazabilidad de la obra creativa. Hay que formar e informar para que el público entienda el valor de generar cultura, la gran importancia del autor. Además, debemos habilitar sistemas de comunicación que resulten útiles a los escritores y debemos generar vínculos con otras asociaciones y con Iberoamérica.
—¿Se moverán como un lobby?
—En ningún caso. Esa no es nuestra función. Ahora bien, hay cosas que hay que denunciar y solicitar. Una nueva ley de propiedad intelectual, por ejemplo, que defienda al creador.
—Se echa de menos la voz de los intelectuales.
—Sí, claro que se echa de menos la voz de los intelectuales, sobre todo en los medios de comunicación. Faltan voces que ejerzan de faros, como hicieron Unamuno Y Ortega y Gasset, por ejemplo.
—¿A qué cree que se debe? ¿Al miedo?
—Los escritores deben perder el miedo a salir y decir lo que piensan porque nos ayudaría a todos. Ahora hay muchos más espacios de reflexión que antes y nunca ha habido tantos intelectuales. ¿Por qué, entonces, hay esa orfandad? La sociedad necesita esas luces que sí se han dado en otros momentos.
—¿Puede que se deba al miedo a perder premios o regalías?
—Es una posibilidad. Los escritores no pueden estar para mercaderías y oportunismos. Falta atrevimiento, es verdad, pero los poderes deben dejar respirar, romper el amordazamiento.
—¿Qué le parece que el Ayuntamiento piense en que la antigua casa del peregrino se convierta en un restaurante?
—Pues muy mal. En tiempos yo ya pedí que sirviera de centro para la Fundación de las Letras Leonesas. Por entonces estaba Antonio Pereira intentando dar salida a su biblioteca. Lo mismo ocurría con Gamoneda. Yo, personalmente, hablé con todos los escritores y me trasladaron su disposición a ceder sus manuscritos y objetos personales para crear ese gran centro del escritor. Si León es conocido a nivel internacional es por sus escritores. Hay una pléyade única. Fue una gran posibilidad. Ahora ya ese lugar quedará para mercaderías y oportunismos.
—¿Cómo se puede resolver el problema de la financiación de la cultura?
—Hace falta una ley de mecenazgo, pero una propia, no copiada del mundo anglosajón, que basa todo en la iniciativa privada porque la pública no existe. En Estados Unidos el Estado no invierte. Esa libertad de dejarlo todo al albur del mercado no nos es propia. España recibe al año sesenta millones de turistas. Hay que aprovechar ese tirón para que el gasto no se limite a sol y gastronomía; hay que aportarle el plus de cultura.
—Sigue coleando la polémica del Archivo de Salamanca. ¿Tiene algo que decir?
—Todo es ruido mediático y cortinas de humo. Los tribunales han sentenciado y, además, lo han hecho en todas las instancias, que hay una ley aprobada en el Congreso. La voluntad de dar o no dar es un ataque a la inteligencia, porque lo que está en el Estado es propiedad de todos los españoles, independientemente del territorio en el que esté. Pero ocurre lo mismo en León. En la provincia hay archivos de toda España y pertenecen a todos y no sólo a los leoneses. Obedézcase la ley. Es así de simple. Que haya papeles que estén en Cataluña no supone un aminoramiento al patriotismo de los españoles, al revés. Lo importante es que toda esa riqueza se digitalice para que esté al servicio de los ciudadanos. Si todo el dinero que se ha gastado en pleitear se hubiera empleado en eso...