La iglesia avala el grial leonés y lo califica de «cáliz único»
El Boletín del Obispado publica la noticia y destaca que podría ser la copa de Cristo.
Si bien la Iglesia no se pronuncia sobre las reliquias de Cristo más que en contadísimas ocasiones, hay que subrayar que el suplmento del boletín oficial del Obispado de León ha dado ya, de manera tácita, carta de naturaleza a la investigación desarrollada por la historiadora leonesa Margarita Torres que asegura que el cáliz de doña Urraca es el cofre del Santo Grial.
Y es que en su contraportada y junto a la información de la última edición de Las Edades del Hombre, Eucharistía , que se inauguró esta semana en Aranda, la revista se refiere al cáliz como el recipiente del que pudo haber bebido Jesús en la última cena: «La eucaristía también se ha visto realzada en el museo de la Real Colegiata de San Isidoro porque desde hace unos días en la misma base de la torre del Gallo de San Isidoro se ha habilitado una nueva sala para acoger la pieza más destacada del museo isidoriano: el cáliz de doña Urraca. Un espacio dotado con las más avanzadas medidas de seguridad y que según el abad de la Real Colegiata, Francisco Rodríguez Llamazares, se ha preparado para acoger una pieza de incalculable valor y que un reciente estudio histórico realizado por los profesores Margarita Torres y José Miguel Ortega y que se recopila en el libro Los Reyes del Grial, ha situado en primer plano de la actualidad al apuntar que esta pieza podría ser el cáliz de Cristo.
La investigación defiende que una muesca en el cáliz de Doña Urraca es una de las pruebas claves que demuestra que se trata de la copa que entre el siglo IV —no hay testimonios escritos anteriores— y el XI se custodió en la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén.
La esquirla, entregada al sultán Saladino, fue arrancada con una gumía de doble filo por Bani-I-Aswad, el jefe de la expedición que trajo a León la copa de la Última Cena en el año 1054-55. Los datos constan en dos manuscritos del siglo XIV localizados en la biblioteca Al-Azhar del Cairo. Cuentan que el emir de Denia fue el único de todo el Islam que acude a la llamada desesperada del califa fatimí, ante la terrible hambruna que azota Egipto. El rey de Denia envía un gran cargamento de víveres y pide a cambio «la copa que dicen los cristianos que es del Mesías», para enviársela «a Ferdinand al Kabir, emir de Liyyun» (Fernando El Magno, rey de León). El grial es sólo el ‘vaso’ de ónice, que en el siglo XI la reina Urraca entregó a los orfebres para ser decorado con oro y gemas.