León soterra la luz del vídeo de San Isidoro a un año del fin del contrato
El Ayuntamiento niega que haya negociaciones con Richemont para ampliar el contrato.

Imagen de los trabajos de soterramiento que se están desarrollando en la explanada de San Isidoro.
Nadie sabe nada. Ni en el Ayuntamiento ni en la Junta. Sólo el concejal de Obras, Julio Cayón, dio ayer una explicación acerca de las obras que se han iniciado en la explanada de San Isidoro y que tienen como objetivo soterrar los cables de la luz eléctrica que hace posible las proyecciones sobre la fachada de la Basílica. Sin embargo, el edil fue incapaz de explicar el alcance de los trabajos y remitió a Belén Martín Granizo, responsable de Urbanismo del Ayuntamiento de León.
Previamente, desde el Ayuntamiento se había asegurado a este periódico que «desde servicios eléctricos e informáticos se están prestando el servicio en las mismas condiciones que el año pasado para poder realizar la actividad con los servicios municipales». Asimismo, la Junta de Castilla y León negaba tener cualquier conocimiento de la citada obra.
Resulta cuanto menos extraño que durante los últimos cuatro años no se haya pensado en enterrar la luz y se haga precisamente ahora, cuando queda tan sólo un año para que finalice el contrato que se firmó con el artista Xavier de Richemont. Sin embargo, desde el Ayuntamiento descartan cualquier tipo de negociación con el artista que fructifique en un acuerdo que permita a la ciudad continuar proyectando el espectáculo: «El contrato finaliza en 2014 y todavía no se ha negociado cómo será la continuidad», destacan fuentes municipales. La pregunta que surge es clara: ¿Qué se hará a partir de entonces con lo ahora soterrado? ¿Se volverá a abrir la calzada de la plaza para eliminarlos o se dejarán así para nuevas ocasiones?
Las proyecciones comenzaron en mayo del año 2011 gracias a la labor desarrollada por el concejal leonesista Javier Chamorro. Entonces, se adquirió este montaje por 280.000 euros —que pagaron Caja España-Duero y otras entidades privadas—. Sin embargo, en el plazo de cinco años (justamente ahora) habrá que volver a pagar al artista en torno a 8.000 euros en concepto de derechos de autor. ¿Se hará o terminará para entonces una de las atracciones turístico-culturales que más éxito ha tenido en la ciudad?
Y es que no se puede olvidar que cada sábado se reúnen en una de las dos proyecciones (23.00 y 23.30 horas) cientos de personas para admirar la pintura de la historia de León que el creador francés ideó para la fachada isidoriana. Por lo tanto, y si no se renueva el contrato, las proyecciones finalizarán en el mes de octubre, el mismo día de la celebración de Las Cantaderas.
La película
La secuencia de las imágenes y cuadros siguió el guión escrito por el propio De Richemont quien, además de iluminador profesional, es artista plástico: así, la apertura muestra una banda azulada impregnada por los signos y símbolos de la cultura astur. «Formas giratorias invaden la fachada de San Isidoro y pintan «un paisaje idílico donde el oro es la riqueza del país. La ciudad romana se construye en el interior del recinto fortificado gracias al oro de Las Médulas», narra el guión. «El mosaico de luz representa a los primeros romanos convertidos a la fe cristiana», continúa, indicando que algunos de los ornamentos religiosos de oro y piedras preciosas que cubren la fachada provienen del tesoro isidoriano y que la música es bizantina. Después, los Omeyas llegan de Oriente invadiendo España hasta la cordillera asturleonesa y la Galia, el rey Pelayo expulsa a los musulmanes hacia el sur y, a partir del 910, «León se impone y reina. Los esmaltes de Limoges magnifican el año 1000. Fernando I y Sancha reconstruyen la basílica y crean el gran panteón de los Reyes de León. Monjes iluminadores crean grandes códices mientras pintores decoran el panteón real. El rey Alfonso IX otorga fueros, decretos e inicia las Cortes: la basílica se reviste de oro». «Llega la España barroca y la conquista de América y en arquitectura el estilo churrigueresco —prosigue el guión—. Llega la época moderna, con arquitectura de hierro y música alegre y festiva. La ciudad de León se moderniza y acoge los colores de la modernidad».