Diario de León

MINORÍAS ABSOLUTAS

Complicidad poética

Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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El germen de la magia radica en el escalofrío. Y todo alma que no siente o se enfría o se vuelve un poco piedra por la vida, acaba alejándose del escozor que puede suponer el poema en el tránsito diario.

Cuando uno retoma el vello de punta, después de tanta palabra servida en fila en tantas y tantas hojas mal usadas, cuando uno retoma, digo, ese escalofrío que provoca la palabra precisa y abstracta que sucumbe a la definición acomodada en el vocablo poema, entonces... sólo entonces, uno sabe que tiene la suerte de estar vivo en comunión con algo elevado. La posibilidad de emocionarse y concebir el mundo como generador de emociones.

Por eso, al vivir rodeado de tanto artificio, es muy fácil quitarle esa magia a las palabras, es muy fácil dejar de abrirse uno el pecho para sentir que, por ejemplo, unos versos de Juan Gelman entren haciendo de las suyas en lo más hondo de la necesidad humana; esa que genera esperanza y fervor en torno a la definición de quienes somos.

Se podría contar de esa manera tan prosaica mía, o hacerlo con estos versos de Juan Gelman: «En el telar de mis costillas/ un vago beso alza su llave/ sin puerta/ y a la altura de la tierra están cavando un horizonte de frío», pero la intención –que no el mérito- es la misma.

Uno descubre con el tiempo que no son lo mismo cosas y gentes que se parecen. Que no es lo mismo un dirigente que tiene el corazón alimentado de versos y que sabe que la víscera late y lo sensible es parte de nuestra naturaleza humana, que otro que apenas sabe leer más allá de un índice bursátil. No es lo mismo amigos.

Habrá mil matices que hagan electo a uno u otro, pero aquel que sabe corresponder al poema con una voz sincera, y sabe quitarse la grandilocuencia para afinar palabras como las que genera el maestro Antonio Gamoneda en esos espacios que uno ya no sabe si son, o tan sólo fueron, pero que alguna vez dijeron: «España es también una tierra,/ pero una tierra sólo no es un país;/ un país es la tierra y sus hombres./ Y un país sólo no es una patria; una patria es, amigos, un país con justicia», ese, ese tiene una opción justificada para legislar el universo a la manera en que nos lo contó Hölderlin.

En esos días donde lo cómplice genera alegría y encuentro, donde la voz sefardita se amiga con el fado y el tango, donde los versos cobran la importancia primigenia del alma y el encuentro se celebra como recordando el aniversario que Richard Strauss celebraría hoy con poemas sinfónicos.

En esos días donde el alimento y la bebida necesaria son enlaces fraternales de la amistad y el buen entendimiento entre las gentes de bien... En esos días uno entiende la importancia que retiene el sentido poético, sus formas y sus grafías, sus maneras de eludir lo perecedero y denunciar lo que genera servidumbre, sus cualidades en el arte de no servir para nada y ser, no obstante, imprescindible; su virtud de hacer camino transitable... pero sobre todo, sus complicidades vitales.

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