El pueblo más divertido
Crítica de televisión boquerini
Dentro de muchos años, cuando los historiadores del futuro quieran saber cómo era aquella España en la que comenzó a reinar Felipe VI, recurrirán, entre otras fuentes, a los programas de televisión que se hacían en aquellos inicios del verano de 2014. Y entre concursos, series, debates y magacines, descubrirán una marcianada que se llamaba El pueblo más divertido. Humor rural, podrían decir, pero el programa encajaría mejor si se emitiese en los años 80, incluso en los 70 del siglo pasado. En esta España en que una nueva generación pide paso con urgencia, en que todo está en revisión y en que en pocos meses las cosas se quedan viejas, El pueblo más divertido parece sacado del baúl de los recuerdos. Programa casposo, vergonzante, chillón, que busca los peores tópicos del mundo rural... todo ello aderezado con chistes sonrojantes, llenos de sal gruesa, con una Mariló Montero como chica para todo, que lo mismo habla de cocina, cotilleos o medicina en Las mañanas de la 1, que como forzada showoman empeñada en ver quién hace más el ridículo la noche de los lunes. Acompañando a los concursantes, diversos humoristas, de esos que salen permanentemente en todo tipo de programas de cadenas rivales, ahora repescados por TVE. Si esos historiadores miran unas décadas más atrás, verían que el humor en televisión corría a cargo de Tip y Coll o Miguel Gila. Ahora están Miki Nadal, Mario Vaquerizo o Millán Salcedo, muy lejos de su mitad de Martes y 13, (que no les llegan ni a la suela de los zapatos), e incluso Jorge Javier Vázquez, que en el primer programa se nos apareció durante unos segundos, como un ectoplasma (como si no fuera suficiente estar permanentemente en todos los canales de Mediaset). No descartamos que vuelva a aparecérsenos cuando estemos más desprevenidos. El pueblo más divertido es lo que en TVE se considera un programa de verano: desenfado, chapuzones, aire libre y muchas risas. El resultado es un ridículo 8% de audiencia. Amigos del futuro, cuando veáis esto, sed benévolos, no penséis que con El pueblo más divertido nos reíamos, sino era con lo que las televisiones pensaban que nos teníamos que reír.