Diario de León

Los ateneos de la cultura leonesa

Los 60 trajeron teleclubes, los 70 casas de cultura, los 80 centros de interpretación y los 90 arte contemporáneo.

Verónica Viñas
León

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Cuando el teleclub hizo furor

  • Un grupo de vecinos en uno de aquellos teleclubes - ARCHIVO.

Causaron furor en los sesenta. Provocaron una pequeña revolución ‘cultural’. En cientos de localidades leonesas abrieron sus puertas los teleclubes. Auspiciados por el entonces Ministerio de Información y Turismo, que pagaba el televisor, pero también una pequeña biblioteca, se convirtieron en pequeños ateneos, con conferencias, cine y otras actividades culturales. Se instalaron en los locales disponibles en cada pueblo. En muchos casos y, debido a la incipiente emigración, fueron los edificios de las escuelas nacionales los que acabaron reconvertidos en teleclubes. Cumplieron además otra misión. En una época en la que las emisiones de televisión sufrían continuos cortes y había muchas ‘zonas de sombra’ en la provincia leonesa, los teleclubes asumieron la función de ‘puestos de escucha’ de TVE, según la terminología de la época. El Gobierno franquista vio desde el principio el potencial de estos locales de reunión y creó una Red Nacional de Teleclubes. Cuando el televisor dejó de ser un artículo de lujo y entró en todos los hogares, los teleclubes echaron el cierre para siempre.

Meter la cultura en una casa

  • Exposición en la Casa de Cultura de Pinilla - ARCHIVO.

En los setenta casi todos los ayuntamientos de la provincia se apresuraron a construir una Casa de Cultura. Algunos, inicialmente, transformaron el viejo local del teleclub. Se extendieron como la pólvora y hubo ayuntamientos que contrajeron elevadas deudas para poder erigir monumentales templos de la cultura. La importancia de la localidad era directamente proporcional al tamaño de su casa de cultura. Pero una cosa es construir un edificio y otra mantenerlo; y, más complejo aún, dotarlo de contenido cultural. Aunque en muchas localidades sí funcionaron, con inevitables altibajos, y permitieron programar teatro, exposiciones y talleres —actividades impensables hasta entonces en pueblos pequeños—, en otros municipios las casas de cultura acabaron convertidas en un cajón de sastre o de desastre. No sólo los pueblos sucumbieron a la moda de las casas de cultura, sino que en León, por ejemplo, cada barrio reclamó la suya. Durante años han vivido de partidas municipales, pero, sobre todo, de subvenciones de administraciones como la Diputación. La crisis ha dejado ‘aparcadas’ estas casas de cultura a la espera de tiempos mejores.

Centros para reinterpretar

  • El centro de interpretación del León Romano - SECUNDINO PÉREZ

Los vientos de los ochenta dejaron anticuados teleclubes y casas de cultura. En esta década afloraron, como champiñones, los centros de interpretación. Aunque de aquellos ‘lodos’ llegó a la capital este año el Centro de Interpretación del León Romano, ubicado en la Casona de Puerta Castillo, que no es ni de lejos la ruta que se proyectó en época del alcalde Mario Amilivia, presupuestada entonces en siete millones de euros, para poner en valor los restos de la Legio VI y VII aparecidos en distintas excavaciones de la ciudad. Las Médulas, único hito leonés Patrimonio de la Humanidad, también tiene su propio centro de interpretación. Los hay de las más variadas temáticas: como el centro de interpretación del urogallo (en Riaño y en Caboalles de Arriba), el de la casa cabreiresa (en Castrillo de Cabrera), el de la caza (en el torreón de los Tovar, en Boca de Huérgano y en La Baña), el de la historia del Reino de León (Palacio del Conde Luna), el del vino (en Camponaraya, en Valdevimbre y en Gordoncillo), el del ferrocarril (en Toral de los Vados), del textil (en Val de San Lorenzo), de tierras bañezanas (en La Bañeza), de la naturaleza (en Palacios del Sil), de la alubia de La Bañeza (en La Bañeza)... Han exigido inversiones millonarias y la rentabilidad, en visitantes, es mínima.

Locos por el arte contemporáneo

  • Detalle d ela actual exposición en el Musac - JESÚS F. SALVADORES

El ‘bombazo’ del Guggenheim de Bilbao, que transformó por completo una ciudad hasta entonces industrial y sucia en paradigma de la modernidad, fue el ejemplo a imitar. Se desató entonces una carrera en prácticamente todas las comunidades autónomas por contar con un templo del arte contemporáneo que fuera, al mismo tiempo, un ‘tirón’ turístico. León echó un pulso a Valladolid y lo ganó. Pero el proyecto se dilató tanto que, al final, el Patio Herreriano acabó adelantándose al Musac. Inicialmente, en la parcela que hoy ocupa el Auditorio se pensó en construir un centro polivalente, con sala de música y de exposiciones. El proyecto, que ganaron en un concurso de ideas los arquitectos madrileños Tuñón y Mansilla, se dividió finalmente en dos. Por eso, los citados arquitectos acabarían construyendo ambos edificios. El Musac, inaugurado en 2005 por los entonces Príncipes de Asturias, Felipe VI y Letizia, consiguió que León apareciera en las páginas del New York Times y en los medios de comunicación más influyentes. Tras unos primeros años de esplendor, en los que el museo se convirtió en un referente nacional del arte contemporáneo, el Musac enfiló la senda del declive, que no ha conseguido remontar, pese a que goza de un presupuesto anual de cinco millones de euros.

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