Raquel Peláez periodista
«Un hipster no es más que un unicornio con camisa hawaiana»
La periodista berciana afincada en la capital del Reino presentó ayer su exitoso libro ‘Quemad Madrid. O llevadme a la López Ibor’ (Ediciones del KO) junto Marta del Riego y Blanca Lacasa

La periodista leonesa Raquel Peláez, ayer, en la librería Tipos infames.
Pertenece al Bierzo luminoso que habita en Madrid. Unidos casi todos por brillar en medios de comunicación en general. Y a Raquel Peláez, a la que no le cuesta nada ponerse el Bierzo por montera, esta vez le ha tocado Madrid. Y en forma de libro. Su Quemad Madrid. O llevadme a la López Ibor (Ediciones del KO) es una de las sorpresas del mundillo editorial independiente a base de retratar la ciudad desde las distancias cortas y una privilegiada mirada inteligente.
—Dice Fran Nixon, además de recomendar fervientemente la lectura de ‘Quemad Madrid’, que hasta sirve como guía turística de Madrid para indies. ¿Se lo recomendamos también a la gente del Bierzo y de León?
—Por supuesto. De hecho, se lo recomendamos a toda persona humana que haya sido alfabetizada en castellano.
—Para alguien que escribe, como es su caso, en un medio tan importante como ‘Vanity Fair’, ¿qué le lleva a querer pasar a limpio sus ideas en esa cosa tan inmensa, y menos inmediata, como es un libro?
—Pues precisamente que le brinden a uno la oportunidad de trascender lo inmediato y además hacerlo plasmando las ideas, obsesiones e intereses propios es una gran oportunidad. Nunca se la agradeceré suficiente a los chicos de Libros del KO. Están locos estos chavales.
—El amor y el odio a Madrid pueden estar a tan solo una estación de metro. ¿Dónde está usted ahora mismo? ¿Ha aprendido con los años a querer a Madrid?
—Yo ahora mismo estoy en un punto equidistante entre el amor y el odio, pero sólo porque se da la circunstancia inusual de que hay borrasca sobre el centro de la meseta, porque a estas alturas del año las temperaturas ya deberían ser infernales y por lo tanto, el odio cerval. Con respecto a la segunda pregunta, ha sido más bien al revés. Yo empecé amando Madrid incondicionalmente y he aprendido a detestarlo.
—A veces uno escribe un libro con una intención y lo acaba con otra. ¿A usted qué le ha pasado? ¿Cómo se quedó cuando puso el punto final?
—Pues la verdad es que no. Se me han quedado muchas cosas en el tintero, como por ejemplo un capítulo específico sobre el 15-M o quizá algún barrio -Chueca, Lavapiés- pero cuando puse el punto final me quedé con la sensación de que había chamuscado Madrid pero bien.
—Y ahora que ya está en manos de los lectores, ¿qué de lo que cuenta cree que está gustando más y por qué?
—Muchas gente me habla de las cartas abiertas a madrileños ilustres. Supongo que llama la atención que he escogido personajes poco canónicos (Javier Marías, David Summers y Christina Rosenvinge).
—Y si yo le digo: «Quemad Ponferrada...», que conoce tan bien, ¿qué le sale? ¿Cree que la cosa dará para una saga de tus ciudades?
—Pues la verdad es que yo venero a mi ciudad de origen y me encanta volver a casa siempre que puedo, pero dejé de vivir allí cotidianamente a los dieciocho años. Hay mucha otra gente que probablemente podría escribir un ‘Quemad Ponferrada’ mucho mejor que el mío.
—¿Por qué Madrid es la única ciudad de España sobre la que la gente dice, sin que nadie se lo pregunte, ni le importe, «pues es que a mi Madrid no me gusta»?
—Pues porque Madrid es el gran bicho central, la fuente de todos los males administrativos y políticos del Estado. Tal y como se han dado las cosas en este país, odiar Madrid por defecto es casi una obligación, como querer a una madre.
—¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?
—Lo que la mayoría, currar. Y en el camino, intentar disfrutar lo máximo posible.
—¿De qué noticia que escribió en León permanece algún recuerdo?
—Tengo un recuerdo imborrable de aquel año en que estaban construyendo el paso de la A-6 por El Bierzo e iba todas las mañanas a San Miguel de las Dueñas a cubrir las protestas por expropiaciones. Se aprende mucho sobre psicología escuchando hablar a vecinos y alcaldes pedáneos.
—Para una berciana, ¿cómo se ve tu tierra desde Madrid?
—Desde Madrid se ve el Bierzo como se ve al resto de comarcas: intentando salir de la resaca de los fastos de la década sin nombre (los 2000) como buenamente se puede .
—Y, por último, una confesión: ¿Cuando aparece la morriña en Madrid con qué la cura?
—O me cojo un Alsa y me pongo en casa, o me cojo la bici y me doy un paseo por Madrid Río.
—Ah! ¿Y qué demonios es un hipster?
—Un unicornio con camisa hawaiana.