la localidad, dividida
La muralla de la discordia
Los vecinos de Rueda del Almirante mantienen un conflicto sobre los restos de la fortificación medieval, que carecen de protección.

Detalle de los restos de la muralla que atraviesan una finca que es objeto de litigio entre los vecinos.
La muralla de Rueda del Almirante tiene dividida a la localidad. Los escasos restos que se preservan de la fortificación medieval —que ni siquiera es Bien de Interés Cultural (BIC)— mantienen a los habitantes del pueblo inmersos en varios litigios. En síntesis: vecinos enfrentados en un conflicto de propiedad y un monumento que amenaza con desaparecer.
La alcaldesa de Gradefes, la socialista Ana Isabel Ferreras, no quiso pronunciarse sobre el asunto al considerar que es una disputa entre particulares. Sin embargo, el Ayuntamiento que preside Ferreras, al que pertenece Rueda del Almirante, inició en 2012 un expediente de recuperación de una finca de dominio público, contigua a la escuela. Se trata de un solar que una vecina había cercado con una valla metálica y que literalmente ‘engullía’ parte de la muralla.
Con posterioridad, la citada vecina interpuso a su vez un contencioso administrativo contra el acuerdo de la Junta de Gobierno Local por el que se resolvía el expediente de recuperación de dominio público. Aparte del vallado que impide contemplar los últimos vestigios de la fortificación, los vecinos lamentan que en la finca se haya construido un «horroroso caseto», un claro ejemplo de ‘feísmo’.
La junta vecinal de Rueda del Almirante que preside Amador Aller lleva años batallando en solitario para recuperar las ruinas del castillo y los terrenos aledaños a las murallas. Su intención es que no se pierdan definitivamente los vestigios que atestiguan que Rueda del Almirante fue hace siglos un enclave determinante en la historia de este país, repoblado en el año 1195 por orden el rey Alfonso IX.
La junta vecinal ha reclamado —hasta ahora sin éxito— que las murallas sean declaradas de interés cultural con el fin de garantizar que no se pierda lo poco que queda de ellas.
Durante siglos, la localidad tuvo un importante papel defensivo en las ‘escaramuzas’ contra los moros. Rueda del Almirante vivió su época dorada entre los siglos XII y XIV. Posteriormente, la villa fue perdiendo su esplendor y, piedra a piedra, la fortificación se fue también desmoronando. Hoy es una lamentable ruina.
Julio Puyol, en su libro La Pícara Justina, juicio crítico (1912), cuando habla del almirante de Castilla Luis Enríquez de Cabrera dice textualmente: «Rueda, que aún hoy se llama del Almirante, donde poseía unas torres ya desaparecidas...». Efectivamente, no queda ni rastro de estas torres.
Como casi todos los pueblos que fueron cabeceras de señoríos medievales, Rueda del Almirante arrastra cierto halo de misterio y multitud de leyendas. Algunas están relacionadas con los severos ajusticiamientos que tenían lugar en la villa según las costumbres del Medievo, de las que únicamente ha quedado el nombre de una plazuela, El Rollo.