Diario de León

Arsel Randez músico y cantante

«Hago canciones para aislarme del momento, sea éste bueno o malo»

Esta noche hay viaje alrededor del universo musical de Jorge Arias, líder de la banda Arsel Randez & The Cahoots, quienes transportan su ‘Blue Spirit’ a Cabornera, en plena Montaña Central, en el tercer Rockfest a partir de las 21.00 y junto a los también leoneses Eléctrica.

Jorge Arias, Arsel Randez sobre los escenarios.

Jorge Arias, Arsel Randez sobre los escenarios.

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pacho rodríguez | león
León

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Caen las canciones de este Blue Spirit como bendición de verano, capaces de ser lluvia fina de interior mientras fuera del coche los termómetros se disparan. Esa puede ser una escena perfecta de esto que no es una película sino una banda de alcance, y avisados quedan: Arsel Randez & The Cahoots. Y aquello su disco. Hay un líder, por tanto, que asume poner su nombre delante, aunque las decisiones que importan se tomen después de largas conversaciones y ensayos en Fabero, cuartel general de cualquier preconcierto y ensayo de Arsel Randez & The Cahoots. Al hilo de todo esto, he aquí un viaje especial alrededor de Arsel Randez, un músico leonés que en la treintena tiene a sus espaldas el valor de esa continuidad que sólo se consigue haciendo grandes canciones. Y eso supone que han sido varios grupos, muchos temas y tantos conciertos, solo en compañía de otros, sobre los que discurre su trayecto musical alejado de etiquetas oportunistas. Para conocerlo mejor habría que recurrir a grandes nombres. Si no fuera porque Arsel Randez no va contra nadie, podría añadirse aquello de absténganse los amantes del pop superficial.

—Arsel Randez coge una guitarra, un papel y un bolígrafo... ¿Hay un por qué? ¿Una pauta, una obligación?

—Pues la verdad es que nunca es tan ortodoxo, nunca he sentido eso que dicen los escritores del terror al folio en blanco. Me siento con la guitarra sí, constantemente, y a veces vienen cosas y a veces no. Si creo que algo anda rondando, entonces es cuando cojo el papel y el bolígrafo.

—¿Las canciones aparecen también solas, paseando por la calle, tomando un café, ligando?

—No guardo momentos tipo ‘esto es una canción’. Mis canciones no son un diario, y creo que mis canciones favoritas tampoco. Es el estado de ánimo, el sentimiento, lo importante.

—¿Siente la composición de una canción como algo natural o le hace sufrir, como confiesan algunos músicos?

—Puede que al estar pasando por un momento difícil componga una canción, y lo mismo en un buen momento. No hago canciones para contarles a los demás lo que sufro, ni lo que disfruto, ni lo que follo, ni lo fuerte o débil que soy. Hago canciones para aislarme del momento, sea ese momento bueno o malo. Creo que es un escepticismo extremo, pero creo que es un buen sitio desde el que observar. No me creo mucho ni lo bueno ni lo malo. Sé que los dos deambulan siempre alrededor.

—De toda esta historia, ¿qué le está llegando de ‘Blue Spirit’, su nuevo disco, ya en manos de los demás?

—Muchos me hablan de un cambio, como si fuera otra persona mejor. Otros se quedan en la superficialidad de un cambio de voz. Algunos incluso aseguran que esta sí es mi voz. Creo que me conocen mejor que yo. Algo no debe ir bien; nunca me he preguntado si Jack Nicholson es realmente él en El resplandor o en Infiltrados .

—Víctor Erice. 74 años, tres películas. Fernando Trueba. Menos de 60, más de veinte. Trueba dice de Erice que, aunque le encanta, es un pesado, porque para que haga una ‘peli’ tiene que haber una conjunción cósmica. Que el artista tiene la obligación de crear...

—Adoro a Willie Nelson, que ni él mismo sabe cuántos discos ha editado, pero también adoro a Bill Withers, que decidió dejarlo en un punto y no volver a grabar para el gran público. No sé, creo que tiene algo que ver con la honestidad y poco con la obligación. No creo que nadie pueda establecer una norma sobre esto. Si sientes que puedes, creo que como los viejos bluesmen , uno siempre debe seguir adelante.

—Y como en la música hay todo ese contenido popular, tanto en público como en músicos y grupos, ¿Qué repelús le da eso que a veces es llamar folk o pop, por ejemplo, a lo que es directamente una horterada comercial vestida de modernidad, y aplaudida luego hasta por los gurús del negocio?

—Las etiquetas las utilizan las grandes marcas comerciales y las revistas de música. El otro día, antes de entrar al concierto de Eels en Madrid, alguien me preguntó: «¿Y qué estilo es?». Y me quedé en blanco. ¿Cómo puedes abarcar todo ese compendio en una puta etiqueta de ‘oferta’? Luego, pensándolo, creo que pasa con toda la gente que admiro. Nick Cave, Mark Lanegan, Marianne Faithfull... ¿Cómo puedes resumirlo en una palabra? ¿Y para qué?

—¿Cuándo se le clavó Bob Dylan en la piel? ¿Duele?

—Nunca se me olvidará ni el cassette aquel que cambió todo para mí, ni la caja de zapatos en la que estaba metido. Y cuando lo puse y sonó ese ritmo de marcha inicial de Rainy Day Women #12&35 con la juerga posterior, fue como si me metieran de repente en un circo enorme. De San Mamés a marchar detrás de unos payasos locos, con un tío a la cabeza al que no entendía nada, pero que parecía malvado y cómico a la vez. No me pude resistir.

—De todos los conciertos de los ‘grandes’ a los que ha asistido, ¿de cuáles salió realmente conmocionado y por qué?

—Tom Waits marca la diferencia con el resto. Salí como si me hubiera despertado del mejor sueño que he tenido nunca. Todos los conciertos de la gente que admiro me han afectado de una forma u otra, pero el concierto de Tom Waits fue un paso más allá. Allí hubo más que música.

—Puede que, en un alto porcentaje, muchos tienen alrededor de 50 años o más... ¿Esto tiene alguna explicación?

—No veo la edad en la música. Si me llega de verdad, el resto me da exactamente igual. ¿Te preguntas la edad que tenía el fotógrafo de esa fotografía que te encanta, o los años del escritor de tus libros preferidos? No veo por qué en la música es diferente. No intento ir en la onda de nadie, ni buscar algo contemporáneo que certifique que soy joven y molo. Me la sopla.

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