PATRIMONIO LEONÉS
El precio de la historia
Amando Prada pone a la venta el palacio de Castrojanillos en Valderas, un edificio neoclásico con tres siglos a sus espaldas

Imagen del patio central del edificio a partir del cual se organiza una superficie de 1.200 metros cuadrados
Se vende historia, que se tasa no por su valor sino en función del mercado. 540.000 euros por un palacio, el de Castrojanillos, una casona neoclásica que fue declarada BIC por la Junta junto al resto de Valderas y que encierra parte de las leyendas que han ido forjando la idiosincrasia de la provincia. Se cuenta, por ejemplo, que una de sus estancias albergó el sueño del emperador Bonaparte durante la guerra de Independencia. Otros aseguran que Napoleón se refugió en el seminario, pero ¿quién sabe? Puede que quien finalmente adquiera el inmueble pise el suelo que soportó al ingeniero de la nueva Francia.
Construida por los marqueses de Castrojanillos, el año de su inauguración (1791) está grabado en la piedra de la portada, que luce de manera orgullosa la enseña de la Orden de Santiago. Propiedad de estos marqueses fueron también el palacio de Jabalquinto, en León, y el de Pajares de los Oteros.
El propietario actual, Amando Prada recuerda que sus abuelos vivieron en esta casona hasta que murieron. A partir de entonces, comenzó a habitarse tan sólo durante los veranos. «Hemos procurado conservar el palacio con tanto respeto que a veces creo que nos hemos pasado», destaca Amando. El palacio ocupa una superficie de 1.200 metros cuadrados, seiscientos por planta. En la parte inferior, un patio ‘renacentista’ se abre a las estancias superiores, que siguen conservando el aura de los buenos tiempos.
Amando Prada no puede recordar cuándo pasó la casona a manos de su familia, pero recuerda, por ejemplo, cómo su tío abuelo, Amando Castrillo, el científico español que investigó las aplicaciones de la radioactividad en la agricultura y cuyo trabajo estudian ahora numerosos historiadores vivió aquí. «En esta estancia tocaba el piano», destaca el propietario, que conserva gran parte de la biblioteca del científico español.
De las paredes de la sala de música del palacio cuelgan también las miradas de otros antepasados de Amando, como Alonso Castrillo, que fuera ministro de la Gobernación con Alfonso XIII, o Juan, presidente de las Cortes Constituyentes de la II República.
La angostura de la calle quita empaque a un edificio que de otra manera resultaría imponente. El palacio fue construido en 1791 y ocupa toda la manzana, con sus muros de sillares hasta la línea de impostas. Las paredes laterales poseen varias ventanas mientras la fachada principal se abre amplia a la calle, con siete balcones en el piso primero y seis ventanas en la planta baja. La portada, de estilo neoclásico consta de dos cuerpos: el inferior con una gran puerta adintelada y flanqueada por dos pares de columnas de granito. En la planta superior, se aloja el balcón principal coronado con un tímpano arqueado en el que se ve el medallón de la fecha. Enmarcan el balcón dos columnas de granito rematadas por capiteles compuestos de talla rudimentaria. Por encima de la línea del alero coronan la portada dos robustos pináculos y en medio de ellos una especie de peineta contribuye a aumentar la esbeltez del conjunto. La puerta da acceso a un amplio portal de suelo empedrado y éste lleva a un patio porticado alrededor del cual se desenvuelve todo el edificio. Destacaba hace veinte años la historiadora Honorina Vecino que el palacio seguía siendo un fiel exponente del esplendor de la villa. «Nos pone de manifiesto la existencia de un aristocracia que sabe rodearse de las comodidades que los tiempos le ofrecían, sin olvidar el buen gusto dentro de la moda artística predominante en el momento».
Pero ¿quiénes eran los marqueses de Castrojanillo? ¿quiénes fueron los que ordenaron levantar el palacio?
Propietarios también, como se ha dicho anteriormente, de los palacios de Jabalquinto y Pajares de los Oteros, están enterrados en la que fuera capilla mayor de la antigua iglesia parroquial de esta localidad.
Linaje
En la revista Hidalguía, consta que fue en el año 1796 cuando se dio a Manuel Díaz de Pernía el título de vizconde de Oteruelo. Con este, se cancelaba el anterior (marqués de Castrojanillos). Un año después, el 19 de enero de 1797, se encuentra el certificación de la venta del título de marqués de Castrojanillos y el 12 de diciembre de 1831 el Ministro de Hacienda propone la supresión del título, que rubrica la Reina en 1866.
Pocos años antes se había firmado un certificado sobre la limpieza de sangre del marqués. En este sentido, caben destacar las ‘sospechas’ acerca del origen judío de Díaz de Pernía. El linaje de Castrojanillos está ‘emparentada’ con los toros moruchos, cuyos primeros ganaderos aparecieron en el siglo XVIII en Pajares de los Oteros. Agustín Díaz Castro inició con estos toros una vacada que terminará dando un encaste propio al que se conocerá a partir de entonces como Díaz Castro y al que más tarde se agregará el de Castrojanillos debido a que, a la muerte de Agustín Diaz Castro, sus herederos vendieron el lote de vacas de vientre y diez novillos escogidos para sementales al marqués de Castrojanillos, quien comenzó a lidiar corridas de poco interés, organizadas principalmente para festejar triunfos de las armas españolas sobre los franceses en el periodo de la invasión napoleónica.
Por esta circunstancia se empezaron a conocer las reses del marqués y tras algunos éxitos se presentó en Madrid el 19 de septiembre de 1811. Al fallecer el marqués en 1823 se hace cargo de la ganadería el zamorano Francisco Romperuelos, que cometió el error de seleccionar a los toros por su tamaño en lugar de por su bravura.
En su día, se habló de la posibilidad de que el palacio albergara el archivo de Tierra de Campos, un proyecto que se quedó en nada. Destaca Amando Prada que sería conveniente que el edificio fuera adquirido por una fundación que respetara su personalidad y lo dedicara a alguna actividad que redundara en beneficio de la villa. Sin embargo, es consciente de que son malos tiempos para inversiones públicas. «El mes que viene llega un inversor suizo muy interesado en adquirir el palacio», explica. Por su parte, el deber se ha cumplido. Han conservado y protegido el legado.