El chapapote del patrimonio
Los vándalos se ceban con los monumentos de León.

elora
Ninguna ciudad puede librarse de ellos, pero la diferencia es que en León parece no importar el lugar en el que actúan. Los grafiteros y vándalos dejan constancia de su propia irrelevancia en los muros de los monumentos y sobre la piel de piezas artísticas de la capital. San Isidoro, el palacio de los Guzmanes, la muralla romana, el palacio de Lorenzana, la casona de Villapérez y un largo etcétera. Tan largo, que a veces resulta complicado saber cuánto tiempo llevan estas ‘hazañas’ en las fachadas de los inmuebles. Uno de los ejemplos más tristres es el de la muralla que bordea el jardín del Cid. La rehabilitación que permitió hacerla paseable ha tenido que ser limpiada en más de una ocasión a causa de la actuación de los bárbaros, que no dudan en romper los cristales y arrancar la tarima para rellenar de esta manera su ausencia de autoestima. La destrucción por la destrucción ha llevado a tener que restaurar la muralla en dos ocasiones después de que la ciudad invirtiera alrededor de 500.000 euros en recuperarla para los leoneses.
Destaca el concejal de Obras, Julio Cayón, que uno de los inconvenientes a los que se enfrentan cuando las pintadas se ceban con el patrimonio es su incapacidad para limpiarlo de manera inmediata puesto que tiene que pedirse permiso a Patrimonio o bien a la Iglesia. «Hay un grafiti en Era del Moro desde hace tiempo que no podemos quitar porque no nos han dado la autorización», explica el edil. No obstante, asegura que las brigadas municipales actúan con rigor y rapidez y que el coste no resulta elevado para el contribuyente.
El año pasado, el Ayuntamiento invirtió 3.000 euros en un plan para eliminar los grafiti del casco histórico. Se intervino en más de 60 grafitis en el casco histórico. Casi los mismos que se quitaron la última vez, en 2011, si bien por entonces el servicio de limpieza se topó con vecinos que no dieron su autorización.