La voz de su amo
Crítica de televisión boquerini
En esto de copiar en los exámenes siempre hubo clases. Estaban los que se apuntaban un esquema de la lección en la palma de la mano y los que, sin el menor recato, ponían el libro sobre la mesa. Y ahora con las modernas tecnologías, las tabletas, los smartphones y otros artilugios para tener permanentemente al otro lado a alguien que te va indicando lo que debes decir.
Ustedes se preguntarán que tiene esto que ver con la tele. ¿No lo captan? Pues será porque no siguen las tertulias políticas. En cualquier otro sitio sería considerado cuando menos una falta de educación, pero en televisión parece que no: todos esos tertulianos que, a la vez que conversan, están a la vez dándole a su tableta o a su ordenador personal. Si a usted le invitan a alguna tertulia de actualidad de las que pueblan mañana, tarde y noche nuestras cadenas (cosa harto improbable porque a esas tertulias siempre llaman a los mismos), estará muy bien visto que acuda con un ordenador portátil y que, mientras los demás hablan, usted se ponga a leer o a escribir en él. Y lo que es peor, a los integrantes del resto de la mesa les parecerá muy bien porque estarán haciendo lo mismo.
Esta semana se ha incorporado a la tertulia de Las mañanas de Cuatro , de nuevo con Jesús Cintora, Eugenio Rodríguez. Si aún no lo identifican, Eugenio es ese pastor vallisoletano que hace años saltó a la fama primero por un spot y después por sus acertados comentarios por la radio.
Sí, Eugenio es pastor, pero para rebatir a tanto tertuliano vacuo no le hacen falta chuletas, papeles o tabletas, basta con su sabiduría popular y su sentido común. ¿Se imaginan un debate electoral con candidatos a la Moncloa ante sus ordenadores desde donde sus respectivos equipos les den argumentos para rebatir al contrario? Sería impresentable, claro, pero mucho más lógico. Y uno se pregunta por qué los responsables de las tertulias, en vez de llamar a debatir a estos clones de la voz de su amo, no llaman directamente al amo. Ir directamente al original, sin intermediarios.
Todos saldríamos ganando.