Sonar a ‘Sálvame’
Crítica de televisión yolanda veiga
Tiene Mariló Montero la extraña habilidad de resultar impertinente sin quererlo. Alguna vez también será queriendo, pero la mayoría de las veces da la sensación de que le sale solo. No es que esté enfadada, solo lo parece. El lunes regresó al tajo, a su pobre programa de la mañana. Lo de pobre no es tanto por el formato, que no está mal, sino por los poquitos espectadores: 250.000, la mitad de los que reúnen Ana Rosa Quintana y Susanna Griso, embarcadas en una fiera competencia. Hasta ahora Quintana se ‘desayunaba ’ a Griso, pero ahora la pelea está igualada con ligera ventaja para Antena 3. La contienda matinal, pese a que tiene pinta de auténtica guerra, en realidad es un reparto de poco más de un millón de espectadores. Y Mariló hace tiempo que está fuera de la primera línea.
Sin recursos para plantar batalla, la suya es una defensa férrea de la retaguardia. Con el regreso de las tres reinas de la mañana el lunes, el martes tocaba hacer balance. Muy destacado lo de Ana Rosa en la guerra (la de verdad), el buen estado de forma de Susanna Griso, que ayer ya tomó la delantera, y el café sin azúcar de Mariló e Inés Ballester, que la ha sustituido este verano. Parecían dos amigas contándose las vacaciones y entonces Mariló le preguntó por el cáncer a Inés. Se lo preguntó varias veces, solapando una pregunta con otra, cortando a veces a Ballester, que igual se estaba enfadando pero no lo parecía. Mariló pregunta y parece que interroga, pero Ballester le devolvió la invitación y la sentó en la mesa de Amigas y conocidas , el corrillo de Loles León y cía.
Alba Carrillo, por preguntar algo, le preguntó cuál era el secreto del éxito, que es la típica pregunta sin riesgo aparente, para quedar bien. Y Mariló, que no cede fácilmente a los halagos, antes de abordar el asunto le recordó dos cosas a su interlocutora. La primera, que lleva treinta años trabajando, y la segunda que ella (Alba) está ahí porque sale con un tenista famoso (la cita no es literal pero el sentido es ese). Probablemente lo dijo sin maldad, pero sonó a mala leche. Su programa no tendrá mucha audiencia, pero Mariló sabe cómo hacerse eco. A veces queriendo, muchas veces sin querer.