Diario de León
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Crítica de televisión mikel labastida

Se habrán fijado en que últimamente las pantallas de la tele están hechas un asco. Y no me refiero a los contenidos (ese debate es para otro día). Hablo de los letreros que las cadenas se empeñan en sobreimpresionar para que aparezcan mientras estamos viendo un programa. Sirven para promocionar otros espacios o para advertir de distintos asuntos. El problema es que cada vez va a más y llegará un momento en que será difícil distinguir lo que está en emisión detrás de tanto letrerito. El otro día, durante la retransmisión de la Vuelta Ciclista en TVE, coincidían en la pantalla hasta seis diferentes: el de la distancia del cabeza de carrera, el del tiempo del pelotón, otro con el hashtag ‘VueltaRTVE’ para comentar por Twitter, la mosca de TVE (el logotipo), y otros con el símbolo de Águila Roja y la indicación de que el jueves empezaba la nueva temporada. Casi ni se distinguían las bicicletas. No se quedaba atrás Antena 3 el pasado martes mientras ofrecía ‘Vive cantando’ y cubría la pantalla con su mosca nueva (en blanco), la advertencia de que la serie no es apta para menores de 12 años, el aviso de HD (alta definición), el anuncio de Tu cara me suena mini y el hashtag ViveCantando . Así no hay quien se concentre en lo que está viendo. Dan ganas de ir cerrando ventanas, como si estuviésemos ante el ordenador. O de arrancar post-it, como los que cubren nuestra mesa del trabajo. Peor aún es cuando las sobreimpresiones surgen por sorpresa. En Cuatro solían hacerlo mucho con rostros de la cadena que se colaban por la parte inferior de la pantalla. Estabas tranquilamente viendo La guerra de las galaxias y aparecía de repente caminando la presentadora de ¿Quién quiere casarse con mi hijo? . Y por un instante te preguntabas si Luján Argüelles había ingresado en la Orden del Jedi. Qué susto. Pero no, sólo era una promoción del ‘reality’. A ti, desde luego, la aparición te había sacado completamente de la película. Qué tiempos aquellos en que se ponían en valor esos letreros y solo se usaban si ocurría algo urgente de verdad, un ‘última hora’ de los que impactaban, cuando había motivos de peso para despistar tu atención.

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