Diario de León

MINORÍAS ABSOLUTAS

Avidez, ansia, afán

Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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Lo llaman mercados de futuro. Como prediciendo que nada será más allá sin el aval de un mercado. Los conocidos como mercados de futuro nacieron como mecanismos de control para proteger al agricultor de factores ajenos como tormentas, inundaciones y otros desastres no controlables que diezmaban cosechas y la posibilidad de vida de agricultores y vendedores. Existen desde hace muchos siglos, y ya en Japón se atisbaba esta figura allá por el siglo XVII.

Pero qué casualidad, su gran auge empezó con la formación en el gran país que todo lo compra y lo vende. Ese país que tal día como ayer, pero de 1787, ratificaba en su congreso la constitución que tanta gloria de país democrático y en favor de la libertad quiso aportar. Hablo cómo no de EEUU.

Fue en 1848 cuando se fundó la Chicago Board of Trade, hoy el mercado de futuros más importante del mundo. Esto de los Mercados de Futuro no es otra cosa que un seguro para los trabajadores del sector; son mecanismos necesarios, pero como todo, acaba siendo fagocitado por el poder especulativo de actores que nada tienen que ver con la producción.

A principios de este siglo XXI, los grandes bancos y agencias especuladoras de bolsa como Goldman Sachs, quisieron convertir los alimentos en un producto especulativo más.

Un producto donde se invirtiese y siempre se obtuviese beneficios, independientemente de la cantidad de recurso que se vendiese, por ello, al apropiarse de esos Mercados de Futuro tradicionales, los alimentos comenzaron a subir de precio con el único fin de proporcionar dividendos a los inversores.

En 2008, llegó la llamada Crisis Alimentaria. Productos básicos como el trigo y el arroz triplicaron su precio. En el año 2010 y 2011 el propio Banco Mundial reconoció que hubo más de 44 millones de hambrientos en el mundo generados exclusivamente por las prácticas especulativas de los alimentos de primera necesidad.

Mientras aquí el llanto está en la muerte de un señor que llegó a viejo en su puesto de presidente del mayor banco de España, otros se hacen eco de las más de 40 mil muertes diarias por hambre que bancos como el Santander o Caixa de Cataluña han hecho posible al no tener una política de inversión ética en sus productos financieros.

La palabra «hambre» tiene unos sinónimos muy curiosos, como de vaticinio del escándalo que supone su primera acepción.

La distorsión del lenguaje es siempre representativa de dónde podemos llegar. Hambre genera como sinónimos palabras como «avidez», «ansia» o «afán».

Deben ser esas las definiciones que los bancos y entidades de inversión manejan como significado del Hambre.

Porque pudiendo acabar con él, lo único que hacen es distorsionar la realidad de precios y hacen del mercado de la alimentación una nueva burbuja.

Eso sí, con una avidez, con un ansia y un afán del todo inhumanos, del todo inadmisibles por los estados que han de velar por esa necesidad básica de sus ciudadanos. Comer ha de ser un derecho, no un privilegio económico.

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