Diario de León

San Sebastián estrena ‘La isla mínima’, la gran película del año

El director del filme, Alberto Rodríguez, . dice que «seguimos como en los . ochenta».

Jesús Castro, Raúl Arévalo, Nerea Barros, Alberto Rodríguez y Antonio de la Torre.

Jesús Castro, Raúl Arévalo, Nerea Barros, Alberto Rodríguez y Antonio de la Torre.

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alicia g. arribas | san sebastián
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El director de cine sevillano Alberto Rodríguez vuelve al Festival de San Sebastián con La isla mínima, un thriller ambientado en la Transición española donde la impunidad envuelve un entorno de crímenes, secretos y corrupción que, opina, podría estar sucediendo ahora.

«Es curioso -dice Rodríguez en una entrevista con Efe- pero lo que pasaba entonces seguía pasando en 2013 y sigue pasando ahora».

La isla mínima, primera película a competición en la Sección Oficial del 62 Festival de Cine de San Sebastián que se muestra en el certamen, nació del impacto que le produjo al director «una maravillosa exposición de fotos de Atín Aya sobre gente que vivía en las marismas» del Guadalquivir.

Esa gente, explica, «se había quedado como clavada en el tiempo»; ese dato y el visionado de dos documentales de la Transición española, «Atado y bien atado» y «No se os puede dejar solos», completaron el cómo, el cuándo y el dónde.

«Esos documentales están editados en el año 81 y no tienen el filtro de la historia (...). Nos dimos cuenta de que lo que pasaba entonces seguía pasando en 2013, y ahora; incluso había una crisis económica galopante, mucha gente se iba del país, gente en el campo trataba de cambiar las cosas...».

«Había problemas de definición del tipo de país que estábamos creando e incluso, qué gracia, con la ley del aborto, lamentablemente lo mismo que ahora», resume el director de cintas como «Grupo 7», «El factor Pilgrim» o «7 vírgenes», todas las cuales pasaron por el Festival de San Sebastián y se llevaron su recompensa.

Los 80 «fueron una época confusa y extraña», comenta con Efe uno de los protagonistas de esta película, Raúl Arévalo, impresionante en su papel de joven policía de la naciente democracia que no acaba de ver las cosas tan claras como parecen mostrarse.

Época confusa

«A toro pasado se ve que ni la luz que creíamos ver era tanta luz, ni el cambio fue tan radical, ni tan limpio, sino que todo fue muy confuso y cada uno salió como pudo-; Pedro, mi personaje, en teoría tiene las cosas muy claras pero al final ve que, en la práctica, no son tan fáciles de llevar a cabo», dijo Arévalo.

El actor madrileño también considera, como Rodríguez, que los tiempos no han cambiado tanto, salvo que «antes -reflexiona- un juez o un político implicado en un caso de corrupción se preocupaba más de taparse, pero ahora los imputados siguen estando en el poder, siguen saliendo en la tele y haciendo chistes, si viene al caso».

«Si la hubiéramos ambientado ahora, se habría fastidiado el suspense», ironiza el de Móstoles.

Aún así, el director insiste en que la trama es «una ficción», muy documentada, pero que «no tiene que ver con ningún crimen real», a pesar de que «es cierto que recuerda a tantos casos horribles que han pasado en España», como el de las niñas de Alcasser, apunta Arévalo.

La historia comienza cuando estos dos policías de Madrid, Pedro (Arévalo) y Juan (Javier Gutiérrez) se trasladan a una pequeña localidad de las marismas del Guadalquivir para investigar la desaparición de dos niñas que no han regresado a casa tras pasar parte de la noche en las ferias del pueblo. Mientras los policías investigan, y ya se intuye que el crimen va más allá de lo que parece a primera vista, la recogida de la cosecha, de la que vive todo el pueblo, comienza con una huelga.

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