Una lágrima por el pop
El leonés Ernesto Rodera presenta ‘Verde Gabardina’ en la Fundación Carriegos.

El artista leonés Ernesto Rodera posa ante una de sus obras.
Por fin tenemos en León una exposición auténticamente pop. De las latas de sopa de Warhol, a Pepe Gotera y Otilo, de Ernesto Rodera, hay solamente un paso, un paso que el artista que ahora expone en la Casona de la Fundación Carriegos, acomete abrigado por una gabardina verde, dice que por librase de «la que está cayendo». Rodera es famoso por sus tiras cómicas y, también, por sus no menos ácidas intervenciones en tertulias radiofónicas o televisivas. Se trata de un artista lleno de vitalidad, con la cabeza superpoblada de ideas, que no tiene reparo en con contar con verbo fácil y siempre siempre, sin pelos en la lengua.
Pero se trata en este caso de hablar de arte, aunque vaya a usted a saber en qué acabaremos. En la muestra presenta Rodera sus versiones, primorosamente pintadas con gestuales brochazos y delicados contornos, de Pepe Gotera y Otilio, Petra, Anacleto, Don Pío y algún recuerdo para otras cosas emparentadas con el pop, como el Cola Cao. «Esta exposición -nos dice- es una especie de Grandes Éxitos, porque hay cuadros más o menos recientes, pero también los hay muy antiguos. El problema ha sido que todos juntos quedaran bien, que hicieran familia. Es el clásico zoológico que cada uno tiene en su taller y que de vez en cuando conviene sacar a la calle. Estos son mis muñecos, los que me han influido, convenientemente descontextualizados, de la misma manera que los norteamericanos descontextualizan a Popeye, las latas de sopa o la Coca Cola. Como aquí no tenemos nada de eso, pues yo me he conformado con jugar con aquellos entrañables personajes de los tebeos de Bruguera que me han acompañado desde la infancia». Con mucho color y personajes que nos han hecho reír en muchas ocasiones, la muestra parece una oda a la alegría… pero no, escuchemos a Rodera: «Yo veo estos cuadros como algo tristísimo, como un canto al otoño. Es la destrucción de la pintura, como hiciera en el pasado siglo Duchamp, del que por cierto se está haciendo ahora una exposición en el Pompidou. Él fue uno de los artistas que firmó a su manera la defunción del arte, y más concretamente de la pintura. Yo nací en el año 1966, dos años antes de que él muriera, por lo tanto estos cuadros son, simplemente, el recordatorio de una muerte certificada hace mucho tiempo… y son muy tristes».
Tremendo contraste entre la primera visión de los cuadros de Rodera y su pesimista interpretación. Pero el artista insiste. «La pintura siempre ha estado auspiciada por los poderosos, siempre han sido la nobleza, la iglesia o los ricos, los que han decidido que se pinta y que deja de pintarse. Por eso ha sido desde siempre un lujo, algo que no es necesario y que a veces se paga con dinero muy sucio. Pero, insisto, la pintura está muerta desde que llegó la seriación y los artistas dejaron de ser aquellos meticulosos artesanos que pintaban delicadamente sobre el lienzo para los grandes. Se acabó ya el concepto sagrado del arte, ahora las reproducciones están al alcance de cualquiera».
Irreverente y polémico
Rodera es irreverente y polémico en las tiras que publica en los periódicos… «Es que yo no reverencio nada. Fui vacunado contra la reverencia en un colegio de curas, y en la mili, que me proporcionaron anticuerpos que duran toda la vida contra lo sagrado y contra las cosas ante las que hay que ponerse de rodillas. La verdad es que a mí no me pagan por decir que emperador está desnudo, me pagan por reírme de su ropa».
Aseguran que una tira cómica es tan importante como el más serio de los editoriales del periódico y por lo tanto algo muy difícil de concebir. «Hacer una tira cómica es fácil -afirma Rodera- lo que es más complicado es hacer una buena, que sea oportuna, que venga a cuento, que sea publicable, y que resulte comprensible y entretenida. Hace falta tener mucha información a la hora de hacerla y también, me temo, para entenderla. Y digo que es sencillo porque los políticos y la política son eminentemente ridículos y cómicos. Lo que más me cuesta es no transcribir las frases literalmente, porque suelen ser muy grotescas. Se comportan de una manera muy maniquea, todo lo suyo es falso, está hueco, es solamente un teatrillo», afirma.