MINORÍAS ABSOLUTAS
Pensamos, luego desaparecemos
Rafael Saravia
Decía León Tolstói que toda reforma impuesta por la violencia no corregirá el mal; ya que el buen juicio no necesita de la violencia. La violencia. La gran estirpe conductual que define al hombre. Tal vez el único control natural contra nosotros mismos. Pero si es verdad que la violencia es un resquicio que el hombre no ha sabido superar, tambien lo es que nuestra especie es consciente de ese término que se queja de manera arqueológica para conquistar una evolución real: la compasión y el don en pro de la vida de nuestros semejantes.
La violencia sigue siendo nuestro lastre. La violencia tan deshecha de signo humano. Me muevo estos días consternado por toda la que se genera a mi alrededor. La matanza y asesinato de los 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, en México, con la complicidad atroz de las fuerzas oficiales de seguridad nacional, ha perseguido la conversación del día a día en mi viaje por varios estados de la república mexicana. La barbarie cometida va más allá de la muerte. La vejación y la saña consternan a una ciudadanía cuya indignación se ha mostrado por todo el país en forma de manifestaciones y exigiendo a su gobierno que ejerza como lo ha de hacer un gobierno, protegiendo la dignidad y la vida de sus ciudadanos. Pero el gobierno tiene manchadas las manos.
La inoperancia y las fronteras disueltas entre lo ilegal y lo legal, deshacen la realidad que un pueblo como el mexicano, lleno de cultura, entrega cívica y solidaridad histórica, merecen de su máximo ente gubernamental.
La siembra del miedo por parte de unos y otros generan una pobre confirmación de que el hombre sigue siendo un lobo para el hombre. Sólo actos como las grandes marchas en multitud de países haciendose eco del desacuerdo frontal con tamaña aberración, dan un hálito de esperanza a los movimientos en favor de la dignidad humana. La labor es árdua. Y más si se quiere generar cambio en una sociedad empobrecida, donde se les niega fundamentos básicos como la educación gratuita (recientemente una reforma en la ley de educación hará perder -siempre pierden los mismos- posibilidades de estudio a los más desfavorecidos). Decía que la labor es árdua si se quiere desarrollar desde esa no violencia, como contestación a la corruptela y deshumanización que el narcotráfico y el gobierno sostienen.
Guardarme de la violecia, ya se exprese mediante la lengua, el puño o el corazón, decía Martin Luther King. Pero no mirar para otro lado ni dejar indemne a un gobierno que en vez de servir a su pueblo se aprovecha de él.
En España nos queda ciertamente lejos este grado de violencia física —la hemos vivido no hace tantas décadas—. Pero existen otras violencias. La responsabilidad ciudadana para no dejar despegarse de sus obligaciones a un gobierno sostenedor del bienestar común es imprescindible. Porque, como decía Paul Valéry, ninguna cosa impuesta por la violencia será duradera. La violencia lleva implícita en si misma la debilidad.
Defendamos siempre: pensar jamás ha de ser perseguido.