EXPOSICIONES
Un ‘Elixir’ para cuidar el espíritu
El artista leonés Isidro Tascón ensalza «lo espiritual» en contraposición de «lo corporal» en la nueva muestra que expone en el Instituto Leonés de Cultura

Isidro Tascón posa junto a parte de sus obras
Isidro Tascón es un hombre misterioso, un artista que ha recorrido el mundo buscando elementos diferentes para sus originales creaciones. Una de sus etapas más fructíferas coincidió con su estancia en Alemania, de la que se trajo un interés muy especial por la fotografía que aún mantiene. Antes ya había asombrado con sus exposiciones de pintura sin pintura, haciendo que elementos como el fieltro o el caucho se convirtieran en protagonistas de sus meditadas creaciones. Pero Isidro Tascón desapareció durante un largo periodo de tiempo, ahora sabemos que se escondía en la ciudad gallega de Orense, donde actualmente trabaja en el mundo del diseño con importantes firmas de carácter nacional. Para él todo es muy sencillo: «He estado por el mundo y viviendo en Galicia. Y, añadimos nosotros, trabajando denodadamente para acrecentar su intensa labor artística.
Elixir , la interesante exposición que ahora presenta en el Instituto Leonés de Cultura, está formada por una serie de fotografías de tamaño muy pequeño y unos dibujos sobre latón de la misma dimensión que representan lo espiritual. Enlaza este capítulo con el de «las telas de tejido japonés —explica— que también representan lo espiritual, mientras que las maderas y los metales dan cuerpo a las formas. La exposición es un elixir para el cuidado del espíritu que en este momento yo creo que es algo que hemos dejado un poco de lado. Nos preocupamos más por el cuerpo».
La inspiración
Pero conozcamos la historia, sepamos de donde partió este proyecto. Tacón se fijó en una farmacia de Orense cuando estaba a punto de cerrar para siempre sus puertas. La conocida Farmacia Barja, situada en un lugar emblemático de la Ciudad de las Burgas, el edificio del Liceo Ourensano, en la calle Lamas Carvajal. Su sorpresa fue grande cuando entró en ella y contempló la aventura estética que emanaba de sus estanterías y sus botes llenos de fórmulas milagrosas. La historia de la vieja botica y los recuerdos que atesoraba, le ilusionaron hasta el punto de decidir la creación de las obras, diminutas obras, de ésta exposición. De paso inventó un folleto lleno de concomitancias con la botica y sus formulas magistrales, un catálogo envuelto en el cartón con el que habitualmente se fabrican las cajas de los medicamentos, incluyendo, como explicación a su obra, un ilustrativo texto al modo de los «prospectos» que acompañan a los medicamentos.
Con el cierre de la referida botica consiguió incluso que le cedieran una estantería de la misma, justo en la que colocó las frascas y botes que fueron protagonistas de sus fotografías y dibujos, y que convirtió en un elemento más de la exposición que ahora puede verse en el ILC. Lo cierto es que tanto la serie de fotografías, que de algún modo nos recuerdan los rigurosos bodegones del pintor italiano Giorgio Morandi, como los diminutos dibujos realizados sobre latón, necesitan de toda la atención del espectador para adentrarse en ellos y, posiblemente, para muchos será imprescindible el empleo de una lupa.
El artista justifica su tamaño recordando que «los elixires como las esencias y las tinturas siempre se dijo que deberían conservarse en botes pequeños y cuando plantee la exposición decidí que este era el formato ideal».
Esta idea quizá impida apreciar en toda su hermosa magnitud las obras de este joven artista leonés que, una vez más, sorprende a los espectadores con su madurez y su brillante creatividad.