Diario de León

CULTURA

Tributo poético a Jaime Quindós

El poeta Ángel Fierro y el fotógrafo Manuel Martín publican el libro ‘Cantos Estacionales’.

Miguel Martín y Ángel Fierro, ayer con el libro que acaban de editar.

Miguel Martín y Ángel Fierro, ayer con el libro que acaban de editar.

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Marcelino Cuevas | León
León

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Un libro, un hermoso libro, Cantos Estacionales , conmemora el primer aniversario del fallecimiento del que fuera gran galerista, coleccionista de arte y amigo de la mayoría de los adalides de la cultura en León: Jaime Quindós. El poeta Ángel Fierro y el fotógrafo Manuel Martín, son sus creadores pero, además, hay en él colaboraciones importantes, como son los textos de Pedro Trapiello y Eduardo Aguirre, y uno entrañable de su nieta, María Quindós. También han colaborado grandes artistas leoneses, Manuel Jular, Alejandro Vargas, Seve Trapiello y Luis García Zurdo que es el autor de la portada del volumen.

En el año 2005, Jaime Quindós expuso en el Albéitar una parte importante de su magnífica colección de arte. Entonces hacía así un resumen de los nombres que la integraban y que hablan de la importancia que Jaime Quindós tuvo para el arte leonés en la segunda mitad del siglo XX. «Estará —decía— García Zurdo, que realmente fue con quien me inicie en el conocimiento del arte, él fue el que me aficionó. Y están también Ramón Villa y Estaban Tranche. De los que ya se han ido Juan Barjola, Picasso, Viola, Chillida o Lucio Muñoz y de los que aún están vigentes, Julio López, Gordillo, Máximo Trueba, Sicilia, Fernando Alba, Miguel Conde y Raventós. La mayoría de las veces nos gusta una obra de arte más por las emociones que nos ha producido que por su valor intrínseco, y estas me han llenado, las he sentido».

Maese Nicolás fue su galería y uno de los hitos de la cultura leonesa durante varias décadas. «Era un poco chocante —comentaba— ver entre los muebles de una cierta antigüedad la pintura y la escultura de vanguardia. El proyecto tenía más carácter de aventura que de posible realidad de un negocio. Pero yo siempre he dicho que lo importante no es llegar, sino partir. Para nuestra sorpresa esto duró hasta 1992, momento en el que cerramos en pleno éxito. León nos respondió de una manera verdaderamente admirable». La profunda poesía de Ángel Fierro se complementa en el libro magníficamente con las bellas imágenes de Manolo Martín. Literatura e imagen caminan juntas, creando un mágico todo poético. Y las pinturas de los que fueron sus amigos, al lado de imágenes seleccionadas con sumo cuidado de los momentos estelares del arte clásico, dan forma al mejor homenaje posible a Jaime Quindós.

Escribe en el libro Pedro Trapiello, «Jaime ha sido para León una figura irrepetible y necesaria. Los que reinventan la palabra emprendedor deberían repasar una mínima biografía suya y encontrarían ahí no una de sus teorías de dossier, sino una demostración valiente y brillante de lo que es emprender, porque en Jaime latía un espíritu que no se conformaba con «lo que hay», exigiéndose siempre «lo que debe haber»: empresario, hotelero, galerista, industrial de diseño y decoración… con la particularidad de que su hotel acabó siendo una verdadera galería poblada de arte en cada rincón».

Y quizá en los versos de Fierro podamos rescatar un recuerdo para la figura de Jaime Quindós: «Dijo la noche —escribe el poeta— entre dos lunas, / que un día de olvido dura más que un día de luz, / pero no pudo hurtarnos su palabra: / la abrió y multiplicó, nos espera en la calle, / cada vez más redonda, más párpado a lo oscuro. / En la vigilia de tu partida quise/ chocar mi mano con la tuya. Tu mano/ me apretó para siempre el corazón».

Y cierran el hermoso libro las emocionadas palabras de su nieta. María Quindós: «Sientes que tu cita se retrasa/ pero en cualquier momento te llama, / que tu turno llega y esto se acaba, / que tu todo se retracta/ El cielo está muy alto y tú nunca viviste más abajo, / se consume el tiempo, pero se paró hace tanto…»

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