Diario de León

PATRIMONIO

Nadie puja por las joyas leonesas de Pablo Bosch

Los cuatro relicarios barrocos, cuyos precios oscilan entre los 300 y 800 euros, permanecen hasta hoy en postventa

Uno de los relicarios barrocos

Uno de los relicarios barrocos

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PABLO RIOJA | LEÓN
León

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Las cuatro joyas barrocas leonesas de la colección Pablo Bosch que el pasado 29 de octubre sacó a subasta la casa barcelonesa Balclis no han suscitado el interés de ningún comprador. Las piezas —un colgante en plata de finales del siglo XV, un medallón relicario del siglo XVII en plata dorada, un colgante relicario del siglo XVII y otro colgante leonés— salieron a subasta junto a otras 455 joyas, relojes y numismática.

Las reliquias leonesas, que permanecen en periodo de postventa hasta hoy, pertenecen a la colección de Pablo Bosch, que fue vocal del Real Patrona del Museo del Prado desde su fundación.

Hombre dedicado a las finanzas, destinó gran parte de su cuantiosa fortuna a la adquisición de obras de arte, que fue reuniendo basándose en su propio criterio artístico y asesorado en ocasiones por su primo, el pintor Laureano Barrau. Especialista en medallas, participó en numerosos congresos y publicó artículos sobre este tema en revistas como el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. A su muerte, legó al Museo del Prado un gran número de cuadros, algunos de ellos realizados por el mismísimo Francisco de Goya.

Los precios de las joyas leonesas oscilaron entre los 300 y los 800 euros. El Medallón relicario leonés o «Cristo Preñao», del siglo XVII salió con un precio de 650 euros, lo mismo que el Colgante «tablilla» en plata, de finales del siglo XV-principios del siglo XVI. Por su parte, el Colgante relicario del siglo XVII fue tasado en 300 euros y el Colgante leonés o «patena llana» en 800.

Desde 2012

La última vez que se adquirieron piezas para el patrimonio leonés en una subasta de la casa barcelonesa Balclis fue concretamente hace dos años, cuando el Estado pagó 46.000 euros por un San Antonio de Padua, una Santa Bárbara y una Santa Lucía, que ahora descansan en el Museo de León. Sin embargo, hace algunos meses, durante la subasta de dos óleos del siglo XVI del Maestro de Astorga que representaban a San Pedro Mártir y a Santa Catalina de Siena, el representante de Castilla y León no pudo superar la puja del comprador privado, con lo que las dos joyas del retablo de la Capilla de Santiago fueron a parar a un coleccionista privado.

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