MINORÍAS ABSOLUTAS
El pájaro solitario
S e avivan las fuerzas del que sostiene el agua con mil vasijas hechas con cien mil manos. Juan Goytisolo ya era imprescindible y por eso el Cervantes ha querido ponerse una medalla con su nombre. La heterodoxia es un síndrome que define la vida y la obra de este hombre, apátrida y residente en el lugar que cultiva fronteras. Juan Goytisolo fue de tantos países y de ninguno a la vez... porque lo que él quiere, lo que siempre ha querido, es esa mezcla donde la cultura se desenvuelva con mayor frescura.
Se nos fue de España perseguido y prohibido. Estuvo en París, en California, Boston, New York... desde los años ochenta vive en Marrakech desde donde ha forjado un discurso de anudamiento entre la cultura islámica y la europea y siempre ha sido todo lo políticamente incorrecto que el alma le ha exigido.
En esta medida, en su radicalidad y su apertura de miras para unas cosas y su contundencia y negación para otras, en la manera sincera que ha tenido en la vida para afrontar esas pocas verdades en las que cree uno, en esta medida, digo, es un hombre de ley. Que no comulgó con errores ni propios ni ajenos, y fue adentrándose en su creencia sin preocuparle el qué dirán. Juan Goytisolo es ahora Premio Cervantes. Ya fue Premio Juan Rulfo, Octavio Paz, Formentor... también ha ganado el Nacional de las Letras... pero ello no le ha restado polémica ni le ha sumado a la lista de los bien alimentados del poder.
Son muchas las controversias que ha mantenido su obra, tanto la literaria, como la poética y la periodística. Como columnista ha sido una pluma que nos ha enseñado a muchos a leer la verdad de una manera directa. Sin tener miedo a que esa verdad tenga que ser universal, simplemente asumiendo que desde la franqueza personal, y desde la reflexión del individuo, esa verdad ya tiene un sentido, aunque no conlleve una certeza absoluta.
«El amor a la verdad debe prevalecer sobre los sentimientos y deberes patrióticos» ha dicho en su día este gran escritor que ha sabido congregar con finura la escritura Sufí y la de Juan de Yepes en su latencia vital y literaria, y por eso merece mi más sincero reconocimiento. Pues pese a no compartir todas sus posiciones, uno reconoce lo magistral de sus títulos, y puede comprender la grandeza de alguien que lucha por lo que piensa con honestidad y en pro de un mundo más abierto y heterodoxo. Decía Evelyn Beatrice Hall, escritora del siglo XIX famosa por escribir la biografía de Voltaire, aquella frase que suscribo con ahínco: «Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo».
Así, y con todo lo contado y escrito por Juan Goytisolo, uno se queda con la alegría de que este premio, el Cervantes, responde con vehemencia a una realidad, la realidad de las letras y su amparo en la diversidad. Un merecido premio, sin duda. Enhorabuena Juan.