EXPOSICIÓN
Cabañas donde viven las musas
La Fundación Cerezales inaugura mañana una exposición que recorre a través de fotografías y planos los refugios de once escritores, músicos y filósofos del XIX y XX .

La cabaña de Gustav Mahler en Dobbiac (Italia).
La inspiración tiene sus caprichos. Las musas suelen aparecer en lugares recónditos. La Fundación Cerezales inaugura mañana Cabañas para pensar, una curiosa exposición que se cuela en los refugios de algunos de los grandes artistas y pensadores de los siglos XIX y XX.
El artista gallego Eduardo Outeiro los ha recorrido y fotografiado todos e, incluso, ha hecho un herbario con las plantas que crecían en los ‘retiros espirituales’ de personajes como el compositor Mahler, la novelista Virginia Woolf y el explorador y escritor Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia.
La muestra, que ha itinerado por otras ciudades, incorpora en Cerezales del Condado piezas inéditas, como un cuadro de gran formato de Jesús Vázquez, inspirado en la cabaña que el filósofo Ludwig Wittgenstein construyó con sus manos en un bosque de Noruega donde probablemente elaboró su teoría del Tractatus («si algo es pensable, ha de ser también posible»); así como un archivo de más de 60 cabañas de autores de Europa, Oriente y Extremo Oriente, pertenecientes a personajes como el arquitecto Le Corbusier, según explica Alberto Ruiz de Samaniego, comisario de la exposición junto a Alfredo Olmedo.
Outeiro parte de la idea de que el lugar donde uno trabaja condiciona la creatividad. «La mayoría de las cabañas de estos personajes son lugares pequeños, pobres y aislados», afirma Ruiz.
Cabañas para pensar también se adentra en los espacios de creación del filósofo Martin Heidegger, el compositor Edvard Grieg, el dramaturgo August Strindberg, los escritores Knut Hamsun y George Bernard Shaw, el poeta Dylan Thomas y el cineasta Derek Jarman.
En la lista no hay españoles, porque —dice Ruiz de Samaniego— «no hay ningún autor español de la talla de los anteriores, once creadores fundamentales de la modernidad, que tuviera una cabaña. La cabaña es una tradición anglosajona muy extendida en los países nórdicos, Estados Unidos y Canadá, pero no aquí».
La exposición, como reconoce el comisario de la muestra, «encaja muy bien en el proyecto de la Fundación Cerezales», que actualmente construye su propia ‘cabaña’, al tiempo que refrenda su línea de trabajo relacionada con el entorno.
Por primera vez, Outeiro añade a Cabañas para pensar los planos de estos refugios; la mayoría encargados por el artista a arquitectos, ya que no existían bocetos de casi ninguno.
El artista gallego tuvo sus propias musas para forjar este recorrido por los lugares donde nacieron algunas creaciones más brillantes. Se inspiró en un libro de Rousseau, que ya tenía una cabaña en el siglo XVIII, y en Henry David Thoreau, que también escribió sobre su cabaña Walden. «Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción», sostenía Virginia Woolf en su ensayo Una habitación propia.
Muchos refugios tuvieron además una función terapéutica para sus ilustres huéspedes.