CULTURA
El León más golfo se instala en la librería
El Diario entregará mañana un nuevo título de ‘León insólito’, la serie de Javier Tomé, Ana Villanueva y Pepe Muñiz .

La pobretería campaba a sus anchas en el León de principios del siglo XX.
Primero fue León insólito, el libro bautismal de una serie que reúne algunas de las anécdotas más desternillantes, surrealistas o imposibles relacionadas con esta tierra nuestra, tan dada al relato de historias, cuentos y ‘sucedidos’ curiosos en cocinonas y filandares. Después llegó León tabernario, pleno de memorias chigreras, y ahora entrará en los hogares León golfo, una nueva entrega de la colección creada por Javier Tomé, Ana Villanueva y el incombustible Pepe Muñiz, toda una institución de la bohemia local. Diario de León comienza a entregarlo a partir de mañana a sus lectores al precio de 3,95 euros más el correspondiente cupón.
En esta ocasión, los autores han decidido recrear todo un universo del pasado «integrado por una nutrida nómina de granujas, borrachuzos, mangantes codiciosos de los bienes ajenos y mujeres de honra averiada, que protagonizaron las peripecias más disolutas y divertidas», explica Javier Tomé, divulgador de lo leonés, columnista de este periódico y autor de numerosas guías de viaje y artículos en revistas especializadas. «Es el caso de los golfillos que, influenciados por las películas proyectadas en el Teatro Principal, coaccionaban a las personas decentes con anónimos firmados por ‘Los Caballeros del Antifaz Negro’». «Eran ‘animalitos del Señor’, tal como se les calificaba en la época, que entretenían sus muchas horas de ocio jugando a las chapas en el sagrado recinto de San Isidoro, o robaban carbón a espuertas en las instalaciones ferroviarias», continúa Tomé. Y mano a mano con semejantes pillastres figuraban (y figuran en el librito) personajes míticos de la pobretería como el ilustre Tito Negro zanganeando por calles y plazas y viviendo de cuatro cuartos y mil picardías.
«¿Y qué decir de Aurora Regalé, más conocida como la Tomatantos? Mujer abnegada en el vicio y encenegada en la crápula que no pudo superar uno de sus gravísimos ataques de alcoholismo agudo, pasando a mejor vida ante la consternación de los adeptos al dios Baco», evoca Javier Tomé, recordando además que una acreditada leyenda aseguraba que León tenía, en las primeras décadas del siglo XX, el mayor número de rameras por habitante de todo el país. «Un ramillete de almas perdidas que ejercían su lúgubre oficio en la eterna calle del Barranco, en la calleja de la Plata, allá por la barriada de San Lorenzo o en torno a los ya demolidos soportales de Santa Ana. En tan patibulario ambiente se movían hembras de tanto tronío como la Apache, la Calcetines, la Cabiria, Paquita la Flaca o la insigne Moncha, caritativa furcia que ha pasado a la historia por arropar al malogrado Genarín en sus instantes póstumos», desgrana.
Dentro de la extensa batería de timos y embauques perpetrados por la comparsa de vividores que se movía a sus anchas a lo largo y ancho del mapa leonés, destaca en la obra la lucrativa venta de una supuesta máquina de hacer billetes que emplumaron a un ingenuo contratista de Villafranca del Bierzo por 25.000 pesetas. O las taimadas gitanas que soplaron 9.000 reales a un matrimonio de Astorga, incautos los pobres, por ser la única forma de rescatar a sus padres de los tormentos del Purgatorio. Pero hay más, mucho más, en un libro pleno de costumbrismo y dedicado, como condensan sus autores, «a la por entonces muy boyante? industria fulera».