El invento del maligno
15-m
Belén Esteban es la precursora del 15-M, o sea, de la movida 'indignada'. Lo acaba de decir el capo de Telecinco, Paolo Vasile. Cito textualmente: «(Belén es) la precursora del 15M. Representa a la mujer que protesta, inconformista. Representa al desahogo de la gente. La gente puede estar indignada de forma pacífica y pronunciarse de forma enérgica, como Belén, y mostrar la decepción por un sistema». Y añade el filósofo: «no digo que Belén haya sido el origen del 15M, pero vaticina su concepto, porque ella dice cosas de sentido común». ¿No es impresionante? Y además, estoy seguro de que lo dice completamente en serio. A mí me parece que este señor, Vasile, ha creado un mundo virtual donde solo existe lo que él piensa.
Lo más prodigioso es que ha logrado convencer a todos los que trabajan con él de que ese mundo es verdad. Se trata de un mundo extrañísimo donde las pasiones del pueblo no giran en torno a la crisis económica o al paro, sino alrededor del ombligo de Belén Esteban. Un mundo en el que los políticos son seres extraños y ajenos, como extraterrestres que, eso sí, de vez en cuando acuden a Telecinco a rendir pleitesía y prestar vasallaje, para salir elevados en su dignidad. Una caja mágica en la que entra José Montilla y sale convertido en un Cambó progre, entra José Blanco y sale un Adenauer gallego, entra José Bono y sale San Martín de Porres. Un mundo donde el debate civil estriba en saber con quién se ha acostado Fulana o Mengano, cuántas veces y si ha utilizado algún tipo de artefacto que el público deba conocer.
Un mundo donde la presidenta del Gobierno es Belén Esteban, la jefa de la oposición es Teresa Campos, Ana Rosa Quintana es la reina madre y Jordi González ejerce de papa (Jorge Javier Vázquez, de sumo inquisidor). Un mundo autosuficiente que no necesita otra inyección exterior que la de la publicidad, para que el motor siga funcionando. Y en torno a ese motor, que gira monótono como el tambor de una lavadora, varios millones de españoles cuelgan su espíritu para que la tele les alivie el dolor de vivir. Así nos va.