Diario de León

El existencialista gallego de León

Adiós a un referente del arte contempóraneo desconocido en su tierra natal.

Carpo junto a una de sus obras.

Carpo junto a una de sus obras.

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ana gaitero | león
León

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Leonés de nacimiento, coruñés de adopción, Alberto Carpo Álvarez Sanmartín, considerado uno de los pintores gallegos contemporáneos más destacados, falleció recientemente en La Coruña tras una larga enfermedad a los 78 años.

Nació en León el primer año de la Guerra Civil, en 1936, y ya desde muy niño tenía afición a «emborronar». «Mi padre me puso un encerado grande en la cocina y tizas de colores», contó en una entrevista para Tv La Coruña. Alberto Policarpo Álvarez, su nombre completo, empezó a firmar como Carpo sus trabajos publicitarios en Madrid.

Fueron los cuentos de Andersen y de los hermanos Grimm los que alentaron su imaginación plástica en los inicios. Pero fue en París, en la Ecole Superier des Arts Modernes, donde se formó como artista. En la ciudad de las Luces bebió de las fuentes del existencialismo que, junto con la devoción por la figura femenina y la música, son algunas de las constantes de su obra.

Allí vivió desde 1965, durante cinco años, así que fue uno de los testigos, de aquel Mayo del 68 que inspiró la rebeldía de la juventud europea con hasta principios de los 70. Empezó en el diseño en el mundo de la moda, pero pronto derivó hacia otros derroteros artísticos.

La «obsesión» por la figura femenina, como él mismo decía, «la heredé de mi padre. No era un mujeriego, pero tenía un cariño muy marcado por la mujer sobre todo por la suya». Desnudos de mujeres de cuerpos reales, con curvas y con edad, muy lejanos al ‘ideal’ de la moda de la talla 38 y eterna juventud, pueblan su obra en la que destacó también como retratista consagrado.

Carpo realizó más de mil retratos de personajes tan dispares como el escritor Camilo José Cela, la transexual Bibi Andersen o los políticos Manuel Fraga y Alfonso Guerra.

Alberto Carpo realizó numersosas exposiciones, siempre con éxito, pero también bastante apartado de los focos mediáticos. Quizá por ello es desconocido en León, aunque también porque se fue de la ciudad muy pequeño al trasladarse a vivir a La Coruña. Tenía un año. Su padre fue trasladado en plena Guerra Civil y «se enamoró de la ciudad» aunque llegó a sufrir cárcel por motivos políticos.

Esta experiencia inculcó la rebeldía en Carpo y le empujó a marcharse a París. A su regreso a España residió en Madrid y en Barcelona, pero finalmente su azarosa vida le llevó a afincarse en La Coruña. «Buscar su espacio le costó mucho esfuerzo, nadie le regaló nunca nada y sus orígenes y la época en que le tocó vivir restaban o más que apoyaban en esa aventura de ser artista», señala Pedro Vasco, de Amigos de Bellas Artes, en el obituario de La Voz de Galicia.

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