CULTURA
Vales: «De León tengo el recuerdo apasionante de la montaña»
Al ganador del Premio Nadal por ‘Cabaret Biarritz’ le marcó su estancia en esta ciudad

El escritor zamorano José C. Vales, ganador del Premio Nadal, vivió en León, donde se aficionó a la montaña
Durante un tiempo, el zamorano José C. Vales, flamante premio Nadal 2015 con su novela Cabaret Biarritz (Ediciones Destino), veía más viable meterse entre pecho y espalda una caminata hasta las montañas de Babia, y subirlas, que ponerse frente a un folio en blanco que desembocara en una novela. Él traducía y, aunque vivía el medio literario, se encontraba más a gusto en libros de matriz sajona, o, más allá, en los clásicos españoles.
Como dice un personaje de Cabaret Biarritz ahora ha de pelear y casi desmentir esa gran frase: «El presente no era necesario». Vales sumerge al lector en otro mundo, los locos años 20 que fueron un oasis de libertad entre las dos grandes guerras. Y compone una historia testimonial por la que desfilan personajes, como el periodista Paul Villequeau, que intentan sobrevivir en medio del desenfreno y los amores pasados.
El autor se encuentra en plena promoción de su novela, y no evita expresar su sorpresa y agradecimiento por ser foco de atención. Lo lleva bien. Tal vez, como él dice, porque en aquellos años en los que vivió en León y descubrió la montaña, su gran pasión, aprendió a administrar esas energías para hacer cumbre.
—Procede de la traducción y otros trabajos. ¿Cómo se siente ahora como autor de éxito?
—La verdad es que mi mayor sensación es de agradecimiento. Me resulta difícil comprender a los escritores que odian esta fase de su trabajo, cuando ves el esfuerzo de, por ejemplo, los periodistas, por dar a conocer la novela. Creo que es algo que hay que corresponder con gusto, si además tenemos en cuenta que es un trabajo de todos.
—En ‘Cabaret Biarritz’ los personajes viven una época de libertad que usted retrata con humor y deja una sensación casi como de haber querido estar. ¿Por qué le atraía este contexto para su novela?
—Por todo ese deseo de la gente de aquellos años que quería libertad. En cierto sentido, parecían pensar: En qué locura nos ha metido esa banda de indeseables. Al acabar la I Guerra Mundial la gente quería bebérselo todo, hacer deporte, bailar... Las chicas amaban a todos a quien querían amar. Estaban dispuestas a subir a los coches descapotables rojos... Y nueve años después, en 1929, es el crack, la masacre de la guerra de España, y la II Guerra Mundial, que lleva a una restricción moral. Hasta que no llega el pop, los años 60, no se recupera la libertad, la pasión por vivir. Fue, por eso, una época concreta que vivía el presente.
—Pero lo bueno es que ese contexto no arrasa con las historias individuales. Sus personajes tienen sus contradicciones, que persisten frente a la vida alegre.
—Sí, porque se habla de cómo un amor de juventud no ha quedado en el olvido. Como si Villequeau pensara que ojalá el tiempo se hubiera detenido en aquellos años. Pero eso es algo que ocurre ahora o en algún momento se nos pasa a todos por la cabeza. El error principal es que si tu cabeza cree que sigues siendo el de entonces no te será fácil entender el presente. Aunque nos pase que aunque han pasado los años sigues pensando lo mismo.
—¿Tenía claro que esa era la época que quería retratar?
—Me interesaba porque en los últimos años he viajado bastante a San Sebastián, y en esas ciudades todavía se nota ese esplendor del pasado. Se nota en los hoteles, las villas... A partir de ahí es fácil imaginarse un submundo de cabarets. Aunque es cierto que había restaurantes que tenían un cabaret y que hacían fiestas que no se llamaban orgías pero lo eran. A mi me hubiera gustado verlas, aunque igual hubiera salido espantado. Los personajes se mueven en ese laberinto por vivir, aunque luego tengan sus historias de amores a los que no se atreven a acercarse o se acuesten con otros que en realidad no aman tanto. Pero lo fabuloso es que hacían lo que querían.
—¿Los años de ahora, si la crisis acaba, podrían tener esos ingredientes de necesidad de libertad y de disfrutar? O todo es mucho más cutre...
—Son más pobres. Los años 90 me interesaron más. Ahora me parece que es una época más aburrida, grosera, maleducada. Hay más odios sarracenos y viscerales. El otro día decía Cercas que a medida que avanzas en una conversación en las redes sociales, más rápido aparece uno que dice que algo es nazi o lo compara con Hitler. Hace poco, en un tema yo apunté un detalle filológico y me llamaron nazi ortográfico. Y piensas: dejadme en paz que no he insultado a nadie. Yo si pongo algo en Twitter añado: no necesito comentarios. Pero es por ese nivel de agresividad que tarde o temprano aparece.
—¿Qué recuerda de su pasado leonés?
—Viví en León un par de años porque era esa época en la que sigues a una chica y vas donde ella va. De León tengo el recuerdo apasionante de la montaña. Subía con una agrupación. Desde Babia a Picos de Europa. A donde fuera. Los fines de semana nos dábamos unas palizas tremendas. Ahí aprendí a subir montañas. Y creo que tiene mucho que ver con el proceso de la escritura, porque significa resistir, perseverancia, sufrimiento, meditación solitaria... Vivo en Madrid capital pero en cuanto puedo me escapo a la montaña.