Diario de León

Paloma Pedrero dramaturga

«La Sgae no puede volver a ser un escaparate de egos»

La autora de obras fundamentales del teatro contemporáneo, elegida para la directiva de la Sociedad General de Autores, recuerda sus veranos en la localidad de Sahagún, tierra de su familia materna

La dramaturga Paloma Pedrero.

La dramaturga Paloma Pedrero.

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pacho rodríguez | madridfirma | data
León

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—Resulta que Sahagún es un territorio real a recuperar. ¿Cómo es ahora ese recuerdo?

—Te lo puedo contar con una anécdota: Enfrente del teatro de la Zarzuela, después de un estreno de Carmelo Gómez y Flotats, había un señor mayor, que se veía que no era del sarao artístico, un hombre de pueblo. Y era el padre de Carmelo. Yo estaba con Rober Muro y le dijo que yo era de Sahagún. Y él preguntó: «¿Tú quién eres?». Y yo le contesté: La hija de María Díaz-Caneja. Y empezó: «¡No me digas que esa es la hija de la María!». «Era la más guapa del pueblo», seguía emocionado. Y estuve toda la noche con él. En el bar que estábamos, bajaba Carmelo con su capa, muy actor, después de su estreno, y su padre, delante de todo el mundo, le dijo: «¿Pero sabes quién es esta?». Y Carmelo titubeó: «Paloma Pedrero...» Es la hija de la María, la de la tienda de ultramarinos». Quiero decir que yo tengo muy presente de dónde vengo, y con el tiempo siento que con quien mejor me encuentro es con esa gente normal, trabajadora, de un pueblo trabajador.

—¿Esas virtudes no deberían ser una exigencia en el ámbito cultural?

—No es mejor nuestro mundo cultural que el resto. Debería de serlo, porque se nos presupone una sensibilidad y una fortuna, que es la de poder transformar las cosas. Pero no nos engañemos, somos como todos.

—¿Y qué debe hacer el artista?

—Un artista coge el dolor y lo transforma en belleza. Y eso se hace con sensibilidad y empatía. Ese compromiso, en los últimos años, no se ejerce porque hay demasiado narcisismo. Cada vez soy más consciente de que estamos en el arte para algo y no para masturbaciones mentales.

—Y usted ahora, ¿cómo maneja esa expresión en tiempos tan duros?

—No puedo transmitir victimismo aunque denuncie algo. Tengo que denunciarlo y contarlo, pero de una manera transformadora. Esa es mi manera de vivir el teatro o el arte. Pero cuando ves que te mueves en un mundo en el que hay mucha superficialidad, vanidad, egocentrismo... está claro que ahí no puede haber sensibilidad.

—Pero ahora la gente, ¿no quiere denuncias concretas, aunque lleguen demasiado vacías de contenido cultural?

—Lo que odio es el discurso político vacío. Yo no hablaría del IVA cultural, porque es una cosa evidente. Yo enviaría un mensaje de política subterránea, poética. No hay que callarse.

—¿Dónde está ahora el prestigio del teatro?

—El teatro tiene una ventaja maravillosa. Lo decía Lope: dame dos actores, cuatro tablas y una pasión. El teatro lo que necesita es talento. Con una buena historia, buenos actores, y te diría que solamente una buena luz, puedes hacer cosas muy grandes. Me refiero a la preproducción, a llegar al teatro. Cuando se hace microteatro en realidad lo que se busca es otra opción. Y unos se quedarán, y para otros será una experiencia.

—¿Y qué va a pasar? ¿Cuál es su diagnóstico?

—Yo llevo muchos años y he visto cosas peores. La época de cuando fuimos ricos fue la más repulsiva del teatro en España. Ir al teatro y ver que los teatros, principalmente públicos, se habían gastado millonadas en parafernalias, en burbujas de agua... Se gastaba dinero sólo por la estúpida razón de que había dinero. Ese daño fue terrible. Porque engañaban al público que se acercaba por primera vez al teatro. Y si luego, los llevabas a ver algo a una sala pequeña, no entendían nada. Fue un despilfarro bochornoso.

—Y llegó la crisis...

—Lo que hay que tener es talento. El dinero es una mentira. Para hacer arte no hace falta dinero sino don. No da nada de lo importante. Si una persona no tiene serenidad, su vida será una mierda con mucho dinero. En el arte la crisis la ha sufrido el pedigüeño, el que sólo quiere subvenciones. Es una burrada, pero la crisis ha venido bien para acabar con eso. El IVA es una mierda y la pobreza, terrible. Pero los artistas no nos podemos agarrar a la crisis para justificar nuestro fracaso. Eso es apología del victimismo. No podemos echar balones fuera.

—¿Ha evolucionado su teatro?

—Empecé más hacia adentro. Más íntimo, aunque si lo piensas hasta con La llamada de Lauren había algo de bombazo social. En todas mis obras siempre hay un conflicto hondo humano. Aunque sea una historia de amor. Lo humano es lo verdadero. Lo político no deja de ser una fachada de lo humano. Y lo humano al final es lo contrario de lo político, porque es un lenguaje poético. Como lo político no es más que la lucha de poder, para mi lo importante es demoler el poder.

—¿Qué va a pasar en la Sgae?

—Yo llego a esto con la sensación de que hay que recuperar la imagen de la Sgae como entidad de gestión de derechos. Y rescatar su prestigio e imagen. La Sgae no puede ser un escaparate de egos. Eso ya se sabe que no funciona y a los hechos me remito.

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