El cine negro también es español
El investigador José Antonio Luque analiza en un libro más de medio millar de cintas policiacas nacionales, rescatando títulos brillantes y olvidados como ‘Los peces rojos’.
La censura franquista primero y el acomodo costumbrista después coartaron en España el desarrollo de un cine negro equivalente al que en EE UU alumbró obras gloriosas como El halcón maltés (1941), pero una revisión más amplia de sus límites permite ajustar cuentas con el ‘noir’ patrio.
Es lo que hace José Antonio Luque en El cine negro español , a caballo entre el ensayo breve y el manual de consulta, un libro que analiza medio millar de títulos y pretende dar su justo esplendor a películas como Los peces rojos (1955), de José Antonio Nieves Conde o El clavo (1944) de Rafael Gil.
«Lo del cine negro en España fue complicado porque es un género crítico, de denuncia, y en la España de Franco era difícil que la censura permitiera películas como las americanas, sino era haciendo una alabanza a las fuerzas del orden y la ley», explica el autor.
«Permitimos que haya delitos, ladrones y asesinatos pero con la condición de que la policía los detenga y el espectador se vaya con la conciencia tranquila de que las calles están siempre protegidas», añade. Difícil así difuminar las fronteras entre el bien y el mal, o sustituir al héroe por un antihéroe de pasado dudoso, léase detective con métodos poco ortodoxos. Por no hablar de la mujer fatal. Pero los creadores siempre buscan subterfugios.
«En la España franquista se permitió la mujer fatal, pero con actrices extranjeras. Era como decir que las mujeres de fuera son malas; en cambio, el modelo de mujer española, ama del hogar y pilar de la familia católica, no se podía resquebrajar», explicó.
Así, la mexicana María Félix es una adúltera asesina en La corona negra (1951), de Luis Saslavsky, y la suiza-alemana Katia Loritz reclama a su marido libertad sexual a cambio de no delatarle a la Policía en Las manos sucias (1956), de José Antonio de la Loma. Una de las pocas excepciones a la regla es la Emma Penella de Los peces rojos , una película poco valorada, en opinión de Luque, que insiste en que «si la hubiera filmado Hitchcock, sería una de sus películas más exitosas».
Camino a la libertad
Avanzada la década de los 60 y en la primera mitad de los 70 empezaron a soplar nuevos aires en el cine criminal español, con imitaciones de James Bond (Anónima de asesinos , Juan de Orduña) y coproducciones internacionales como Estambul 65 y Las Vegas, 500 millones , ambas de Antonio Isasi-Isamendi.
La desaparición de la censura no trajo consigo el resurgimiento del cine negro autóctono, más allá de títulos aislados. «Nos apegamos demasiado al cine historicista, la ley Miró puso de moda llevar a la gran pantalla obras de teatro del Barroco y novelas galdosianas», explica el escritor. A ese periodo corresponde El crack (1981), de José Luis Garci, que introduce la figura del escéptico detective, interpretado por Alfredo Landa y que aborda, por fin, la corrupción policial.
Pero el verdadero cambio, tal y como recoge el libro, se produce en la década de los 90, cuando empieza a perfilarse un cine criminal «acorde a la sociedad española y su idiosincrasia», con producciones como Días contados (1994), de Imanol Uribe o Tesis (1996) de Alejandro Amenábar. En los últimos años la tendencia no ha hecho más que consolidarse con éxito, tal y como demuestra la nómina de los Premios Goya más recientes: Enrique Urbizu (La caja 507 y No habrá paz para los malvados ), Daniel Monzón (Celda 211 y El Niño ) y Alberto Rodríguez (Grupo 7 y La isla mínima ).