Cuando la primavera llega pintada al óleo
La madrileña Juana Pastor presenta sus paisajes y bodegones en la sala Bernesga.

Juan Pastor ante uno de los lienzos que puede verse en la exposición.
Vuelve a Bernesga la pintora madrileña Juana Pastor, una de las grandes intérpretes pictóricas del paisaje y los bodegones. Su pintura se basa en el color, en el colorido mágico de la naturaleza. Los paisajes del centro peninsular, agrestes y singulares, son interpretados delicadamente por esta singular artista.
Nació en Madrid, pero que reside en una encrucijada de culturas llamada Toledo. Cuando saca al sol su caballete no teme enfrentarse con el paisaje al mediodía, cuando la luz ha robado a las sombras hasta el último rincón y el barro, con el que los hombres construyen sus quimeras, luce insolente hiriendo con agudas reverberaciones las retinas del sorprendido espectador. Y es que la pintura al modo clásico es eso, el retrato de una lucha, el relato plástico de la batalla silenciosa que enfrenta cada día a la luz y las sombras.
Por ello el silencio es importante para la buena pintura, porque en él está el alma, el sentimiento más íntimo de esas imágenes que el pintor, pintora en este caso, sustrae a la realidad para hacerlas eternas, cuando el silencio preside una pintura el cuadro se impregna de poesía. Juana Pastor, se nota en su obra, disfruta regalando a sus lienzos el espectacular colorido de las flores. Flores en románticos jardines, flores enmarcando los espacios naturales... y flores adornando sobre la mesa camilla ese rincón del salón en el que se cobijan los ensueños, en el que la imaginación tiene su puerto de atraque, en el que nace la conversación, en el que se mantiene el fuego sagrado de la tertulia familiar.
Comenta la pintora que la gusta mucho viajar, conocer nuevos escenarios para su trabajo, «Pero en Toledo soy muy feliz. Es una ciudad maravillosa que tiene enormes cualidades plásticas. Yo estoy en continuo periplo por España e, incluso, por el extranjero, pero el que quiera encontrarme seguro que me busque en Toledo, porque siempre vuelvo». La pintora visita León con sus cuadros desde hace mucho tiempo. «Vengo -asegura- Cada tres o cuatro años y siempre me tratan muy bien. Es una ciudad encantadora, me gusta especialmente el colorido de los días de mercado en la Plaza Mayor, ya he dedicado varios cuadros a esa especie de zoco que conserva una tradición varias veces centenaria».
Por tradición familiar Juana Pastor tiene otro importante foco de inspiración: los pueblos del Levante español. «La luz allí es maravillosa -comenta- la lucha cotidiana del sol con los muros encalados de blancos purísimos es uno de los espectáculos plásticos más sugerentes que un artista puede encontrarse. Es un estallido luminoso que primero te deslumbra y que después te obliga a mirar ese mundo con la visión más sensible al espíritu. Si consigues transmitir estas sensaciones al cuadro y después al espectador, es una maravilla».