CULTURA
Un crucero en la Nave de los Locos
Graciela Fernández inaugura en el ILC su exposición que ilustra al escritor Sebastián Brant.

La ilustradora leonesa Graciela Fernández inaugura ‘La nave de Brant’.
Graciela, queremos decir Graziela, Fernández, nos invita, desde el Espacio Emergente del ILC, a un fantástico crucero en la Nave de los necios o de los locos, que de ambas formas se traduce el título de la obra del escritor alemán Sebastián Brant que ha servido de inspiración a esta joven pintora e ilustradora leonesa. Graziela ha buceado en los más de cien relatos de este libro para presentar una serie de dibujos y pinturas que nada tienen que ver con los grabados que en el siglo XV realizara el inmortal Durero para esta misma obra.
La artista ilustra fragmentos literarios como este: «La mayor necesidad de todo el mundo es que honre el dinero por delante de la sabiduría y que prefiera al hombre rico».
n la exposición hay varios capítulos: El Loco, El Necio y El Trazo Vertical. Graziela Fernández profundiza a través de ellos en la visión de la locura de Brant: «Es importante analizar el sentido de la Nave en una época en la que la precariedad de los materiales de los navíos y el desconocimiento de las rutas marinas era algo misterioso y trascendental. Según Foucault, las Naves de locos eran navíos altamente simbólicos, y que conducían locos en busca de la razón. Nuestro viaje no tiene final, pues nadie sabe donde debemos llegar. No tenemos descanso ni de día ni de noche, nadie de nosotros presta atención a la sabiduría. Sin olvidar que es un barco, no de exiliados, sino de hombres ubicados en el mundo en busca de su sentido. Este viaje es una encrucijada, una posibilidad hacia Narragonia, país de la locura, o hacia la sabiduría, que cada cual elija su destino». La nave de los necios (1494) es la obra alemana más importante del siglo XV, y con la que se dio a conocer esta literatura en Europa. Su éxito fue tan grande que llegó a crear un género nuevo y a influir en Erasmo y otros grandes escritores.
El autor, Sebastián Brant, nos pinta una nave cargada de necios, locos y pecadores a punto de naufragar. Con rigor, Brant fustiga a príncipes y lacayos, hombres y mujeres, blasfemos y usureros. Más de un centenar de necedades, que son en buena medida intemporales, aunque con el paso del tiempo locuras hay que se han convertido en actos de cordura y mágicas locuras que se han transmutado en algo mucho más prosaico y menos trascendental.
Pero ¿Quiénes son los locos? ¿Quiénes manejan el calibre para medir la locura? ¿Cuáles son los cánones que rigen? Ser diferente, hoy como siempre, es sinónimo de ser un loco. No estar de acuerdo con las líneas rojas que impone la civilización es sinónimo de convertirse, ineludiblemente es un ser marginado.
En los albores del Renacimiento, recién dejada atrás la Edad Media, se señalaba a los locos con vestidos y adornos peculiares, hoy el ser humano es libre para ilustrar su imagen, para disimular su cuerpo tras cualquier disfraz sin que nadie piense en colgarle el cartel de loco. Pero basta una idea fuera del carril, un pensamiento original, una palabra incontrolada, para que todo el peso de esa civilización que se convierte n juez inexorable, decida quienes están fuera, quienes deben comprar a cualquier precio su pasaje para la Nave de los locos.
Graciela Fernández es una pintora joven y llena de ilusiones, pletórica de ideas que intenta reflejar su pensamiento en el lienzo o el papel con ágiles trazos, pero siempre después de una larga reflexión, escogiendo para ello temas que le sirven de disculpa para ejercer su personal interpretación de la pintura y el dibujo. Y continuará, seguro, ilustrando, la historia escueta y cotidiana de unos locos que posiblemente sean lo más cuerdo de este mundo que nos ha tocado vivir.