Diario de León

CULTURA

El coleccionista de recuerdos

El pintor leonés Félix de Agüero ‘resucita’ en la galería alternativa de Espacio-E.

El artista Félix de Agüero posa ante una de las pinturas que forman parte de la exposición que muestra en León.

El artista Félix de Agüero posa ante una de las pinturas que forman parte de la exposición que muestra en León.

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MARCELINO CUEVAS | LEÓN
León

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Sí, se trata de una resurrección. El regreso a los espacios expositivos del insigne pintor Félix de Agüero tiene extrañas connotaciones. Sus recuerdos, fielmente expresados tanto con el grafito como con los pinceles, demuestran que hay un largo archivo plástico en este ser misterioso que de ser, simplemente, Félix de Agüero, ha pasado a convertirse en Xile Allego Denengüeri, un individuo extraño, revolucionario y tremendamente radical.

Recordábamos al antiguo Félix de Agüero como el pintor del silencio, de los paisajes desiertos en los que el tiempo marcaba trascendentes líneas a su paso. Un artista que entroncaba desde la modernidad con los más meticulosos pintores del renacimiento o el barroco. Suyas eran las mágicas interpretaciones de los espacios marinos. Suyas las visiones mágicas de intrincados caminos que posiblemente no condujeran a ninguna parte.

Bueno, pues el nuevo artista, ese misterioso Xile, sin perder su referencia al silencio, retrata escenas de hoy, extraños selfies terminados con lápiz y pincel que autorretratan al nuevo artista que ha resurgido de las cenizas.

Y con estos nuevos argumentos acaba de ganar un importante premio en la ciudad alicantina de Elda. Con un autorretrato en el que tiene a bien deconstruir su figura, cambiar su imagen, hacer de mago y convertir el silencioso gusano en vibrante mariposa, sacar a flote esa otra personalidad que llevaba décadas escondida.

Así llegan a la galería Espacio-E el añorado Agüero y el renovado Allego para mostrar una serie impagable de emociones. Toda una pared de la galería está poblada por docenas de pequeños dibujos en los que el artista ha vuelto a la sencillez de lápiz y a la complicación de las nuevas tecnologías para construir de nuevo sus viejos cuadros, para repetirlos en pequeño tamaño, mucho más íntimos y ,a la vez, con una fuerza que antes no tenían.

Y como contrapunto, los grandes cuadros de su vida anterior. Obras realizadas con la precisión de un relojero suizo en las que el tiempo se mide por segmentos, en las que los paisajes solamente están poblados de invisibles pesadillas.

Demos la bienvenida a este artista recién resucitado, vuelto a la vida gracias a extraños pactos con lo innombrable de los que nunca tendremos noticia.

Su obra nueva, que ya insinuara en una colectiva realizada en el Museo de León, nos deja perplejos. Pero si hay algo que se mantiene es la enorme calidad de las obras de este leonés que apunta muy alto, que quiere ser ciudadano del mundo y pintor de esa nueva era que comenzará cualquier día si los políticos no lo impiden.

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