EL ESTADO DEL PATRIMONIO
La triste historia de Marialba
La primera basílica cristiana de España yace entre malezas y con sus paneles carcomidos o en el suelo. La Fundación del Patrimonio cesó sus actividades justo cuando el proyecto de museo estaba en el aire

Vista del estado actual del yacimiento de Marialba, ahogado por cardos y maleza y al que resulta casi imposible acceder
No ha tenido suerte Marialba de la Ribera. Los restos del edificio de culto cristiano más antiguo de España y uno de los más tempranos de toda Europa apenas son hoy perceptibles a simple vista, devorados por la maleza entre el vallado metálico y sin siquiera camino o senda practicable para llegar hasta ellos. Ubicados en el pueblo de su mismo nombre, a sólo media docena de kilómetros de la capital leonesa, apenas nada le dice al visitante que se encuentra ante un emplazamiento clave para entender el asentamiento y posterior arraigo del cristianismo en la península y, por extensión, en todo el mundo romano.
Malas hierbas, restos ocultos, falta completa de acceso... una invisibilidad completa y un paisaje desolador que, a ojos del visitante, no ha cambiado desde hace décadas. Buen ejemplo de su situación es la señalética que rodea el yacimiento: los grandes carteles de los gobiernos autonómico y central que informan de las últimas excavaciones que aquí se llevaron a cabo siguen exhibiendo sus mensajes, cifras y logotipos mientras que los datos realmente importantes para el curioso y el turista, las características del lugar que allí se alzaron, se reducen a tres paneles de pequeño tamaño, carcomidos por el sol y la humedad y uno de ellos ya caído en el suelo.
Una suerte que pareció a punto de cambiar hace diez años, cuando tras firmarse una serie de acuerdos ‘de salvación’, el emplazamiento acabó siendo objeto de una intensa excavación que radiografió la zona y sacó a la luz los restos de casi 300 individuos, todos enterrados bajo la basílica o en sus inmediaciones, y que confirmó cómo el templo formaba parte de una villa, una explotación agraria en la que se residió y trabajó hasta época medieval. La excavación tuvo lugar en el verano de 2009, corrió a cargo de la Fundación del Patrimonio de Castilla y León y desveló datos de gran interés científico, así como singulares objetos de uso común como una delicada gargantilla de vidrio y azabache con la que fue enterrado un joven.
Y es que en 2006 se había firmado un convenido calificado entonces de «histórico» entre Diputación, Fundación del Patrimonio y ayuntamiento de Villaturiel por el que se anunciaban prospecciones en Marialba y la construcción de un «edificio protector» con un presupuesto de 700.000 euros. Iban a ser las primeras labores registradas en el lugar tras las pioneras exploraciones de los arqueólogos alemanes Hauschild y Schlunk en el ya muy lejano 1967.
Andando el tiempo, aquella y posteriores cantidades se dedicaron en exclusiva a la excavación y análisis de los vestigios, arrinconándose y olvidándose progresivamente el proyecto de museo-edificio protector del yacimiento. Y eso que la fundación había encargado un proyecto arquitectónico que superó los 30.000 euros y que elaboró el estudio del arquitecto leonés Melquiades Ranilla. Pero en octubre del 2010 la Comisión de Patrimonio autonómica emitió un dictamen desfavorable al proyecto por no considerar «adecuada» la cimentación. La posterior arribada de la crisis hizo el resto.
La Fundación del Patrimonio, una entidad participada por la Junta y todas las cajas de ahorro de la autonomía, anunciaba en 2011 que «mientras se mantengan las actuales circunstancias económicas, esta entidad no puede abordar ningún proyecto más en Marialba». Los hallazgos en la zona habían sido abundantes y muchos se encuentran custodiados en el Museo de León: así, se extrajeron 3.400 fragmentos de cerámica y 2.500 objetos de metal, azabache y monedas. Se estudiaron los restos humanos y, por ejemplo, se concluyó que las gentes de la era romana gozaban de una vida más saludable que las de la Edad Media. Pero sobre todo se comprobó que la basílica era mucho más grande de lo que podría pensarse, siendo visible desde una gran distancia y con sillares similares a los de las murallas de León y Astorga.
Pocos años después, y arrastrada por el colapso de las cajas, la fundación cesaba su actividad. El sueño del Museo de Marialba, anhelado polo de atracción para un área tan necesitada de inversiones y afluencias —como sucede con prácticamente todo el mundo rural leonés—, se apagaba a pesar de haberse casi rozado con los dedos.
«Hay otras murallas y otras villas romanas en España, pero Marialba es única en su género. Y además está ubicada a escasos kilómetros del Camino de Santiago. Resulta increíble que a día de hoy se encuentre en ese estado», asegura un experto en Historia Antigua que prefiere mantener su anonimato, hablando sobre este templo declarado monumento histórico-artístico en 1979 y Bien de Interés Cultural en 1985.
Velada durante muchos años, y casi únicamente, por los miembros de la asociación Promomenta, quienes se preocuparon por su limpieza de forma periódica, el potencial de Marialba continúa dormido. Sólo los cardos siguen acordándose de ella.