GALARDONES
El filósofo Emilio Lledó, 'Princesa de Asturias'
Su obra «impulsa desde el diálogo la convivencia en libertad y la democracia»

El pensador Emilio Lledó
Emilio Lledó es un «humanista ejemplar» para el jurado que le concedió el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Un galardón dotado con 50.000 euros que el pensador, catedrático y académico recibía «agradecido, orgulloso, y anonadado, pero no envanecido». Con 87 años y al pie del cañón filosófico, el premio se suma a reconocimientos recientes como el Nacional de las Letras, el Antonio de Sancha que le otorgaron los editores o el de ensayo Pedro Henríquez Ureña otorgado en México. Unas distinciones que «caen casi al ataque y que a mi edad me dan algo de marcha».
El jurado ve en Lledó a «un pensador de relevancia internacional y de trayectoria ejemplar en el ámbito de las humanidades». «Concibe la Filosofía —decía el acta— como meditación sobre el lenguaje y subraya la tendencia natural del ser humano hacia la comunicación». «Hace suya la razón ilustrada a través de un diálogo que impulsa la convivencia en libertad y democracia» concluía
Finalista en la edición anterior que ganó el dibujante Quino, la candidatura de Lledó había sido propuesta por Antonio Fernández de Alba, compañero del filósofo en La RAE. Se impuso a otros 27 aspirantes de 15 países. Entre ellos el historiador mexicano Miguel León Portilla, el fotógrafo de guerra estadounidense James Nachtwey y la periodista británica Christiane Amanpour.
El filósofo recibía el premio trabajando en la conferencia que debía dictar pocas horas después en la Casa del Lector y el ensayo sobre los afectos que tiene entre manos. Su gran satisfacción es «seguir trabajando y mantener los mismos ideales y creencias que tuve siempre», El galardón de la fundación asturiana tiene una especial relevancia para Lledó, un íntegro ‘filósofo de guardia’ con los pies en la tierra que, como se apuntó desde jurado «no se ha encerrado nunca en sí mismo» y considera que «la filosofía no es algo abstracto y puramente ideal», y sí «diálogo, conversación y entender las razones de los demás para avanzar en la convivencia»
Entre la docencia, la decencia y la convivencia lleva el premiado más de medio siglo empeñado en aproximar la filosofía al lector común. Consagrada su vida a las humanidades como docente e intelectual, ha denunciado con reiteración que «el oscurecimiento de las humanidades es la muerte de un país».
Riqueza intelectual
Con sus 87 lúcidos años, el autor de Memoria de la ética estima que «la verdadera riqueza es la cultura, lo que tenemos en la mente, y no la economía». El autor de ensayos como Elogio de la infelicidad, niega ser un escritor y se presenta como «un profesor que ha escrito unos cuantos libros en torno a mis intereses y preocupaciones, tanto para mis alumnos como para algún otro lector».
Junto a la pasión por una expresión cuidada, sustanciosa y clara, en los textos de Lledó late un vivificante aliento ético y humanista, que quiere acercar el pensamiento a la reflexión sobre las inquietudes vitales individuales, sin perder el rigor filosófico. Para Lledó la decencia es «una obsesión» de la filosofía clásica y contempla con desazón y la misma desesperanza que percibe en la sociedad ante la galopante corrupción. «Un sinvergüenza con poder es algo muy grave» aseveraba al ganar hace seis meses en Nacional de las Letras. «La sociedad y los medios deben darse cuenta de la importancia de la educación intelectual, de la lectura y la cultura», apunta como fórmula para sacar a la educación y la cultura de la UVI. «La riqueza de un país no radica en su suelo, su industria o los negocios que cierra; se mide por lo que hay en el cerebro de su gente y por la libertad de la enseñanza que enseña esa libertad» asegura.
Académico además de catedrático, a su extensa labor docente tanto en secundaria como en la universidad, suma Lledó una valiosa obra empeñada en acercar la filosofía clásica al lector.