CULTURA
Cuando la reina Juana se paseaba por León
Vicente Aranda trajo a León el rodaje de su película Juana La loca

Rodaje de Juana La loca en la Catedral de León
Han pasado ya catorce años de aquel mes de noviembre en el que el set de rodaje de la película Juana La loca se trasladó a León para filmar en la Catedral algunas de sus escenas. En la cinta participaron más de 200 0leoneses, que cambiaron la camisa por un jubón remendado, los tejanos por calzas de lana y las zapatillas de deporte por escarpines en punta. La plaza de Regla se trasladó hasta el siglo XVI y fue la última ocasión en la que la Pulchra apareció en una gran superproducción.
El coro de la Catedral fue uno de los escenarios principales de las escenas rodadas en la ciudad y lo fue para albergar uno de los momentos principales en la vida de la reina, el momento en que Felipe es coronado rey de Castilla. Por una vez su apasionado temperamento se aplica a un discurso donde lo político se une a lo íntimo hasta alcanzar un tono encendido, lleno de rencor hacia Felipe y de intención de asumir su responsabilidad como reina. Pilar López de Ayala subrayó en León la «carga dramático» de Juana, y la «gran empatía» que la unía a esta figura, una mujer que bajo un velo de melancolía guarda un fuerte carácter. Daniele Liotti, el actor que representó a Felipe el Hermoso, resaltó «la complejidad» de su personaje, un hombre que, de golpe, se encuentra con que puede convertirse en monarca del imperio más poderoso del mundo.
La escena rodada en León corresponde a un momento cumbre en la biografía de una mujer que se caracterizó por un profundo desequilibrio psicológico, producido por un exceso de celos, y por ser víctima de las intrigas en torno al poder que existían en la monarquía española, la más poderosa de su tiempo por aquel entonces. La muerte de su marido, al que veló errando por Castilla durante semanas, y el encierro al que fue sometida por parte de su padre (Fernando el Católico) y su hijo (Carlos V) en el castillo de Tordesillas, terminaron por minar la cordura de una mujer que antepuso sus propios sentimientos y pasiones a los intereses del reino y que falleció, olvidada y enajenada, en 1555.