CULTURA
León contado en 26 asesinatos
Javier Tomé publica ‘Crónica del crimen en León’, «una enciclopedia de la maldad» que discurre por los sucesos más cruentos, del siglo XIV al caso de Isabel Carrasco

El escritor Javier Tomé sostiene su nuevo libro
Una auténtica feria de los horrores: crímenes pasionales, víctimas decapitadas, asesinatos políticos y psicópatas como José Luis Monteagudo o Valentín Gómez ‘El Argentino’.
Crónica del crimen en León, de Javier Tomé, es una ‘guía’ por los 26 asesinatos más espeluznantes. «Una enciclopedia de la maldad», en palabras del autor y columnista del Diario de León.
Podría ser un libro de relatos salvajes, a lo Edgar Allan Poe, si no fuera porque son reales, desde el primero al último. Tomé ha buceado en las páginas de sucesos y en los archivos para rescatar los episodios más sangrientos de la provincia. Desde Covadonga Sobrino, la amante despechada que descuartizó a su compañero en un bar del Portillo, a la violenta muerte en un puente del Bernesga de la presidenta de la Diputación Isabel Carrasco, aún pendiente de resolución judicial.
Un libro editado por Rimpego que chorrea sangre en sus 279 páginas. La crónica negra arranca en el año 1330, con el llamado ‘crimen de Matasiete’, una auténtica leyenda urbana. El autor glosa siete siglos de barbarie en esta «excursión por la memoria delictiva de las tierras leonesas», un itinerario que conduce al lector hasta la «santísima trinidad del crimen»: asesino, víctima y lugar.
Aunque el morbo está servido siempre que se tocan acontecimientos truculentos, el autor ha pretendido exhumar, en esta cronología delictiva, algunos de los casos más llamativos del «panteón negro del crimen en León», sin caer en sensacionalismos. «No trato de hacer apología de lo sórdido», aclara Tomé, quien conduce al lector hasta el último escenario de las víctimas.
La historia de los asesinatos permite también analizar cada época, la sociedad y sus circunstancias. En la galería de los horrores, que radiografían una España profunda, Tomé explora desde la historia de la muchacha de vida alegre que apareció con el cuello rebanado en una alcantarilla de Valdelafuente o el atroz final de la criada masacrada por su celoso novio en plena calle Cervantes.
Pero la crónica negra no está escrita únicamente en clave pasional. Aunque cada crimen «es un retrato fidedigno de la sociedad de la época, imbuida siempre de mucho pintoresquismo y color local», no hay un solo tipo de asesino y de víctima. El libro se hace eco igualmente de los crímenes políticos, de fusilamientos como el del alcalde Balanzátegui o el atentado anarquista que le costó la vida al gobernador Regueral cuando regresaba a casa tras acudir a una función en el Teatro Principal. Tomé no olvida al atracador de una entidad bancaria al que descuartizó su propia bomba, los lances de capa y espada o al obispo Vergara que suplicó clemencia a su asesino agarrado a las faldas de una condesa.
Atrocidades
Los más crueles, sin duda, son aquellos cuyas víctimas eran indefensos niños, como el bebé arrojado al Cea en 1980 o el de Celina Rodríguez, vejada y asesinada por El Argentino.
En 1996 Jesús Andrés Iglesias sembraría el pánico en Herreros de Rueda. Un Corpus sangriento que el pueblo no olvidará jamás. En 2004 un piso de Barcelona fue escenario del crimen de las dos jóvenes policías leonesas Aurora Rodríguez y Silvia Nogaledo a manos del psicópata Pedro Jiménez. Entre los sucesos recientes, el crimen de la joyera Marta Villayandre o «la infrahistoria que subyace bajo el asesinato de Isabel Carrasco, tan insólita y retorcida que supera con creces los giros argumentales de cualquier culebrón televisivo». La pretensión de Tomé no es «revolver un lodazal morboso», sino, por el contrario, «contribuir, desde otro prisma, al conocimiento de la historia local». Porque, en definitiva, «detrás de cada crimen se encuentra la memoria de un pueblo».